No he creído nunca en el liberalismo puro. Tampoco he creído que aquellos que lo pregonan lo sientan ni lo crean como tal.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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