Es curioso, pero siempre deseamos lo que no tenemos; cuando lo tenemos, cuando lo hemos conseguido, el deseo deja de existir. Lo decía Platón: el deseo es carencia.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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