Tras los grisáceos y fríos inviernos que siguen al colorido otoño, me doy cuenta que mis neuronas, biorritmos y células vitales, encuentran su verdadero hábitat natural en el verano.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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