Defenderé siempre a los que desde lo humilde, sin 'engreimientos ni crecimientos', con trabajo y tesón, sin llamar la atención, no subestimando al adversario pero trabajando para sí, poco a poco, llegan arriba. Esta gente, sean atletas, futbolistas, otros deportistas, empresarios, políticos o personas de a pie, merecen todo mi reconocimiento. Aquellos que llegan a la cima aupados por el regalo de otros, que ni valoran ni sienten lo que tienen, porque no les ha costado ningún esfuerzo, merecen mi respeto, faltaría más, pero poco mi apoyo (tampoco lo necesitarán).
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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