Cuando eres derrotado, todos critican y arremeten contra tus muchos defectos y errores. Cuando sales victorioso, por el contrario, te ensalzan y glorifican magnificando tus pocas virtudes y, si no las tuvieras, se inventan.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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