Pocas palabras, a veces, nos dicen mas que todo un libro. Son como dardos o como navajas; como el mejor regalo o un ramo de flores. Pocas palabras nos hacen pensar, sentir o buscar. Pocas palabras bastan para convertirme en un estúpido o hacerme sentir el mejor. Pocas palabras.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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