Uno sueña también despierto. No lo hace a menudo, pero sé que de vez en cuando me ocurre. Ni siquiera quiero saber en qué momento vivo soñando o vivo despierto. No me apetece saberlo. Un día me di cuenta porque me sentí demasiado feliz y me duró unos instantes. Otra mañana pensé que soñaba pero estaba viviendo una incómoda realidad. Desde entonces no sé si sueño o vivo, si vivo soñando o si soy parte del sueño de una vida.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
vivir para soñar y soñar para vivir
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