No sé quién me decía ayer, que no entiende cómo no puedo mostrar alegría de los males que les ocurre a aquellos que se prodigan, e incluso predican con orgullo, ser mis enemigos. Respondí que, ciertamente, yo tampoco lo entiendo pero que si me paro a pensarlo, tal vez sea fruto de sentir más ese júbilo con todo lo bueno que le ocurre a esas pocas personas que me importan de verdad o aquellos que son mis verdaderos Amigos. Porque, sinceramente, lo verdaderamente triste es sentirse orgulloso de ser enemigo de alguien.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
Comentarios
Publicar un comentario