No puedo negar nunca que en mi vida dejarán su poso algunas personas. De entre ellas -de las que en otro momento escribiré- siempre destacarán mi mujer y mi hijo. Mi mujer por ser poseedora de muchas virtudes, que las tiene todas, pero por una fundamental: la paciencia. Y mi hijo, porque de él no dejo de aprender cada día, aunque no se lo diga. Que el Eterno nos permita estar juntos muchos años.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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