Las batallas no se ganan al principio, se ganan o se pierden al final. El que gasta, o enseña, todas sus armas al principio, tiene muchas posibilidades de perder la batalla sin haber llegado al final; el que aguanta, seguro, podrá llegar con toda su energía al final y, si es buen estratega, habrá hecho malgastar 'las armas' al adversario.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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