...hay dos valores decisivos para las relaciones humanas pacíficas y libres en las sociedades: son el respeto y la lealtad. Son el cemento que une la convivencia y favorece la cooperación entre personas. Decía Fernando de los Ríos, contemplando nuestra historia, que en España faltaba respeto: respeto al adversario político, respeto al disidente, respeto al pobre y al débil, respeto al otro como tal otro. Con respeto no se faltaría a la verdad, no se utilizarían las técnicas de envilecimiento como la mentira y la injuria, no se dañaría sólo por dañar. El respeto favorece la moderación, el juego limpio y la veracidad. La lealtad nos garantiza frente a comportamientos inesperados, frente a traiciones, a desprecios y a conspiraciones. La traición es una tentación frecuente y la envidia o la alta opinión de uno mismo, cuando no una patología oculta, están en su origen. La lealtad nos asegura, nos da tranquilidad y, al tiempo, exige un comportamiento recíproco. En todo caso, ambas virtudes, respeto y lealtad, son condición y expresión de una vida digna, de una vida de personas libres.
Dejemos de esperar que las condiciones sean perfectas. Nunca lo van a ser. La gente que espera el momento ideal para empezar generalmente termina esperando toda la vida. Así que empieza.
Dejemos de esperar que la vida nos dé permiso para cambiar de dirección. Somos los únicos que podemos dárnoslo, y llevamos más tiempo del que creemos esperando una señal que nunca va a llegar sola
...hay dos valores decisivos para las relaciones humanas pacíficas y libres en las sociedades: son el respeto y la lealtad. Son el cemento que une la convivencia y favorece la cooperación entre personas. Decía Fernando de los Ríos, contemplando nuestra historia, que en España faltaba respeto: respeto al adversario político, respeto al disidente, respeto al pobre y al débil, respeto al otro como tal otro. Con respeto no se faltaría a la verdad, no se utilizarían las técnicas de envilecimiento como la mentira y la injuria, no se dañaría sólo por dañar. El respeto favorece la moderación, el juego limpio y la veracidad.
ResponderEliminarLa lealtad nos garantiza frente a comportamientos inesperados, frente a traiciones, a desprecios y a conspiraciones. La traición es una tentación frecuente y la envidia o la alta opinión de uno mismo, cuando no una patología oculta, están en su origen. La lealtad nos asegura, nos da tranquilidad y, al tiempo, exige un comportamiento
recíproco. En todo caso, ambas virtudes, respeto y lealtad, son condición y expresión de una vida digna, de una vida de personas libres.
gregorio peces-barba---