Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
La reconfortante palamadita en la espalada, el sello a un importante acuerdo de negocios, la suave caricia en la mejilla, el símbolo OK al compartir la misma opinión, la parte final de un ansiado abrazo, ... Todos estos gestos no podrían ser posibles sin las manos.
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