Te enconges
miras de reojo
y buscas en la profundidad
de tu aliento
cada una de las sensaciones
del producto de tu miedo.

Sientes frío,
ese frío que empaña
las pupilas de tus ojos
y te vuelve débilmente
superable.

No comprendes el momento
demasiado silencio
nada ni nadie
simplemente tu nombre.

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