lunes, 20 de abril de 2009

Carta sobre la LEALTAD, a un Amigo leal.-

Querido Amigo:

No es vano ni malo hablar y reflexionar sobre algo tan importante y tan escaso como es el valor de la 'lealtad'.

Lealtad. Joder qué bella palabra. Qué bello y difícil término, al menos para algunos. 'Lealtad'. Alto y claro, siete letras extraordinariamente importantes hacen de un término algo así como un catecismo: lo que la propia conciencia desarrolla, como evolución y progreso de la persona como tal. ¿Por qué? Porque no es algo fácil ni común. Por ello, también, con la pérdida de este valor una persona puede llegar a quedarse sola. 

Sí, con esta dureza cierta, comienzo esta carta a ti, amigo leal; como una reflexión, también, -a lo mejor absurda y tonta para muchos-, porque esta virtud o valor, o como quiera llamarse, conlleva lo contrario siempre: el que es traidor está llamado a quedarse solo.

Y fíjate que he reflexionado sobre esto en innumerables ocasiones y hoy, escribo sobre la lealtad llamado por la obligada reflexión.

A él, a un amigo, le digo y dedico esta carta, él sabe, además, qué difícil, todavía, el significado profundo de este término en política. Y qué difícil aún, si cabe, vista, entendida, la lealtad desde una situación u otra, desde una responsabilidad u otra. No se vive igual, no es lo mismo ni te lleva a lo mismo, desde una perspectiva u otra. Pero sí es el mismo valor y significado profundo.

Lo puedo decir, lo sé: he sido leal siempre, aun costándome, en algunas ocasiones, serios disgustos. He sido leal siempre aun jugándome, lo sé, aquello que más aprecio y precio. Y sé, también, que el valor de eso es el mínimo frente al valor de conciencia que conlleva, que es el máximo, porque la lealtad es idealismo puro.

No tengo ninguna duda de que en política no son pocos los leales. Los hay, de verdad, yo he conocido a alguno de una y otra organización. Pero en política es tan difícil serlo que aquellos que lo son, aquellos que lo somos, nos convertimos en idealistas. Y ser idealista es ser un romántico y ser un romántico en la vida, en la política, en la empresa, es ser un caballero y ser un caballero es algo que en este mundo en el que nos movemos, prácticamente es inexistente.

Hay quien sólo es leal a sí mismo. Con eso se justifica. Fíjate, amigo, que incluso estas personas así luego exigen lealtades a aquellos que les rodean y se creen con el derecho de criticarlas o menospreciarlas. Eso no vale, nunca vale.

Tristemente -o alegremente, depende-, el paso por la política es toda una lección del valor de la lealtad. No es lo mismo en la empresa, en los negocios, en la familia o en lo personal. Aquí, en política, la lealtad se lleva, de una forma u otra, a su máxima expresión tanto como lealtad o, por contra, desde la traición. Porque todo se vive, lo bueno y lo malo, la soledad y la compañía, con una intensidad increíble. La vida es eso cada día: una lección.

¿Qué merece más la pena: ser leal o desleal, ser leal o traidor? ¿qué merece más la pena, amigo, ser un romántico idealista, un caballero, o un cabrón? Depende para quién, entiendo. En mi caso, en el tuyo -creo-, lo hemos tenido siempre claro.

Ten en cuenta una cosa, amigo: quién es desleal lo es y será siempre, incluso a sus más cercanos, a sus íntimos. Sus intereses personales están y estarán siempre por encima. Suele ser ese tipo de personas falto de confianza hasta consigo mismo. Personas que venderían -y no es un dicho- a su mujer por unos duros o a su madre por cuatro hectáreas de tierra. Son así y no lo pueden remediar. Es algo enfermizo y dañino. Es su propia autodestrucción en el tiempo. 



Yo he tenido la mala suerte de conocer y sentir la deslealtad de muchos. Joven -me creo- pero con experiencia y años de caminar en la vida; tiempo suficiente para vivir momentos y sentir los dolores de la experiencia. También este tiempo me ha dado el infinito honor de aún en los peores momentos tener una persona leal a mi lado. Y sentir eso, amigo, y te lo digo a ti, no es sólo un honor sino tener un tesoro que muchos quisieran para sí.

La lealtad es un compromiso y una obligación no sólo con los demás sino contigo mismo y con tus ideas y creencias. Porque el que no es leal a las personas que representan los ideales, los proyectos en cada momento, tampoco lo será jamás a las ideas representadas. Así es y puedo poner innumerables ejemplos vividos en el entorno. Ojalá y no fuera así. La lealtad implica muchísimos compromisos.

Seguro que tendremos muchos momentos de debilidad en nuestras vidas, así es el Hombre. Pero al final te queda la Verdad, el Camino (Tao) y lo que vulgarmente se denomina 'dormir con la pierna suelta', en Paz durante toda la noche. No es fácil. Claro que no. ¿Qué es fácil? 

Lo fácil es hacer la pelota y reírle las gracias al que nos paga. Eso es lo fácil. Lo fácil es decir lo que quiere escuchar el otro, aunque sabemos que no lleva razón. Eso es facilísimo. Eso yo nunca lo he deseado ni para mi.



Creo que tú y el resto de mis Amigos -y digo Amigos- saben de lo que hablo y del valor que representa para mi la lealtad. Saben que les soy leal. Si alguno lo dudara, sinceramente, no merecería serlo. 

Mi partido, la organización en la que creo y defiendo sus ideas -y esto nunca está ni estará reñido con la discusión y el debate interno de proyectos y posicionamientos- saben y conocen de mi lealtad. 

A estas alturas de la vida ya no se demuestra nada, todos y cada uno de nosotros estamos más que 'calados'. Y lo que yo valoro como más importante, mis equipos, desde las pequeñas o grandes responsabilidades que he tenido, a todas esas personas que dependen o han dependido de mi, les he sido leal. Porque una de las esencias de la lealtad es esa: no sólo ser leal a los de arriba -eso puede resultar fácil- sino ser leal a los de abajo, a todos. 

Fíjate, amigo, que nunca he dejado tirado a nadie, a nadie, ni siquiera al desleal (todavía recuerdo aquél que me 'robaba' y le mantuve hasta el último día, lo mío, en todo caso, de gilipollas). A veces hay que ser leal hasta con los desleales, por el hecho de tu doble lealtad para con tu organización u empresa. Deben primar más los intereses superiores de la colectividad. La lealtad y el serlo no te obliga a ser gilipollas, pero sí responsable.

A veces hay que ser capaz de jugar para ver hasta dónde llegan los demás, para ver dónde está el límite de cada persona. La prueba final, la importante, amigo, te la dan desgraciadamente los malos momentos, los problemas. Ahí es donde verdaderamente aparece el 'leal' y, desgraciadamente, el 'desleal'. No le deseo a nadie, a ti tampoco, que se vea en momentos así, aunque el hecho de vivirlos es toda una experiencia vital. En esos momentos son en los que tu familia -y no toda-, los más cercanos, es la que te demuestra la máxima lealtad, la incondicional, y luego aquellos que sin serlo, sin llevar tu sangre, se comportan como tal, o más, esos pocos 'escuderos', Amigos, de la Verdad, del idealismo y el romanticismo, esos pocos que te creen y son capaces de 'morir' defendiéndote. Joder, eso es belleza espiritual y grandeza. Esa prueba hay que vivirla leche.

Nunca un líder podrá serlo si para llegar a ello ha tenido que ser desleal. 

Y desleal es:

"- Las críticas que se hacen de las personas, haciendo hincapié en sus defectos, lo limitado de sus cualidades o lo mal que hacen su trabajo.

- Divulgar las confidencias que se nos han hecho.

- Quejarnos del modo de ser de alguien y no ayudarlo para que se supere.

- Dejar una amistad por razones injustificadas y de poca trascendencia.

- El poco esfuerzo que se pone al hacer un trabajo o terminarlo.

- Cobrar más del precio pactado."

(Y esto lo adquiero, copio y hago mío de un articulillo que leí hace tiempo)

Ni más ni menos ni menos ni más. Aquél que así sea tiene escrito su final como líder y como persona, el dios de cada uno dirá, no hace falta más.

Sé que es muy difícil ser leal, lo sé, lo he vivido y lo vivo cada día. Incluso ser 'leal', dependiendo para cada persona, pude tener diferentes interpretaciones: la única, la mejor, la que merece la pena, la personal.

Getafe, mi pueblo, amigo, es una escuela para todo en la vida. Yo diría casi más: una Universidad dónde se experimentan y se viven cada una de las virtudes humanas, pero también las miserias. Y es un máster en política a todos los niveles. 

No dejes de aprender y no te dejes amedrentar por los momentos. No hay que dar importancia a aquel que no merece ni tenerla. Transmite eso a todos aquellos que te sientan y sientas como yo, leales.

Hay una película que yo veía -y veo- en momentos en los que me sentía y me siento como tu puedes sentirte: 'El último Samurai'. Te la recomiendo hoy y mañana y pasado, siempre. Es una película que también dedico a los políticos en flor y a aquellos que, por más que lo intenten, no llegarán a florecer nunca porque no han sido capaces de echar raíz.

Escribir desde la lealtad, desde la experiencia, es difícil y complicado, pero un placer del que muy pocos pueden disponer. Quién sabe si el sentido y sentimiento que me llevan a escribir esto hoy cambiará mañana. Al menos hoy, en este presente, amigo, tengo lo suficiente para expresar con orgullo y honor algo que otros no podrán jamás ni imaginar ni nombrar.

Estas líneas, reflexiones inconexas, absurdeces o no, las he escrito en la soledad tranquila de esos momentos que te permite la lealtad: a la vida, a las ideas y creencias, a las personas, a los Amigos y a ti mismo. Y esta noche volveré a salir a correr, tranquilo, como siempre y pensando que algún personaje ajeno pueda entender algo más mis palabras. 

Y luego, en la oscuridad de la noche, cerraré los ojos y dormiré feliz, con mis 40 y con la conciencia tranquila del trabajo bien hecho y de tener, al menos, alguna idea por la que luchar lealmente y algún amigo por el que dar la cara, también, desde la lealtad.

Un abrazo Amigo.