Ayer noche llegaba de Barcelona a Getafe y esta noche, exactamente ahora mismo, veo cómo se pone el sol mientras escribo estas líneas desde mi porche en Minaya . No sé si es un merecido descanso, no soy yo quién para decirlo, de seguro otros lo merecen más y posiblemente no puedan hacerlo, lo que sí sé es que se había convertido en una necesidad no solo física sino mental y espiritual. Comienzo así unos días que pasarán por este mi rincón universal, que es mi pueblo, simplemente Minaya . Al medio día, al abrir la puerta para entrar en el patio de la casa, he podido comprobar la mirada de cada uno de los tordos y gorriones que campaban a sus anchas entre la higuera, el almendro, la parra y las tomateras. Felices en su paraíso, hasta que he aparecido con el rugir antinatural del coche. Es como si un extraño invadiera un espacio suyo, propio, único, tranquilo entre cuatro muros y esos tejados que resguardan algo de los soles manchegos de estas fechas. Su mal humo...