jueves, 8 de junio de 2017

08.06.2017... Volviendo!

Escribo esto en el tren, de un día cualquiera, no sé si ayer o antes de ayer. Qué más da. Vuelvo a casa tras una jornada de esas que merecen ser, por el mero hecho de que lo son.




A mí alrededor unos y otros con caras de circunstancia, de pena, de alegría, perdidos en su smartphone como si su vida les fuera o realmente fuera ese espacio entre su mirada y el aparato.

Cada uno sumergido en sus cosas, en sus pensamientos. ¿Qué piensan? ¿Su día? ¿Les habrá ido bien, mal? Solo ellos lo saben. Podrán decir de mi lo mismo, aquí, cabizbajo, escribiendo mientras el compás de la vía me devuelve.

Estamos agotados. Tanta información, tanta globalidad, tanta tecnología nos está llevando a un mundo que cada vez tiende más al ascetismo, a la busqueda del silencio, a la reflexión, al encuentro con uno mismo.

Tal vez por eso están teniendo tanto éxito los libros de aquél Thoreau que se escapó corriendo a su cabaña, para vivir en solitario su experiencia con la vida. Esta experiencia la relató en Walden, obra de culto del ecologismo.

Tenemos el mundo entero a nuestros pies, o eso creemos, porque en la pantalla de un aparatito pequeño vemos, conocemos, podemos saber, todo al instante. 

Aquel Thoreau, o esos otros budistas modernos, que viven en el campo, en el pueblo, lo tiene todo cada día cuando abren la ventana de su casa y contemplan el campo bañado por el cielo.

La vida está llena de falsedades, de imposturas, de mala educación, de falta de civismo y solidaridad.

Es esa parte vital que echo tanto de menos.

Cuando uno acumula años gusta de encontrar a personas que te aportan esa energía que tú no llevas, no porque no quieras, sino porque tus depósitos ya no son capaces de llenar lo suficiente.

Hoy, mientras charlaba con una de esas personas que la vida pone en tu camino, entusiasta, emprendedor, trabajador, diría que casi creador pero, sobre todo, lleno de esa energía que la juventud inconformista te genera, me di cuenta de lo importante que es en un proyecto de vida, empresarial, acertar con quienes te acompañan.

La experiencia te aporta la sabiduría de los pequeños éxitos, pero, sobre todo, de los fracasos. Los fracasos nunca son grandes o pequeños, simplemente son fracasos. Pero un fracaso no lo es si no has acabado tumbado, pudriéndote bajo una losa... un fracaso es un mal resultado que te aporta la sabiduría suficiente para, al menos, intentar no volver a caer.

No hay nada casual en la vida. Ningún error es por nada, todo es por algo.

Las respuestas siempre están ahí, en la calle, en el camino, en la vida. Todas llegan antes o después.

Las cosas suceden o no. Suceden si queremos que sucedan, si apostamos porque sucedan.

Últimamente me ilusiono por poco y tal vez pierda el norte por mucho. Es la edad.

Cuando escucho a alguien que me pellizca, que me dice adelante, que aquí estoy yo para remar, para sacar a flote el barco, me siento no sólo agradecido sino emocionado.

Es cuando vuelve ese Moreno que se lanza a la piscina sin agua y es capaz de flotar en el aire; es cuando tarareamos esas canciones que nos suben hacia arriba.

Todo es confianza. Confiar en nosotros nos hace confiar en los demás.

¿Y si no sale qué?

Bueno, llego a Getafe Las Margaritas y me he desahogado mientras escucho, con gran interés,  este fantástico y animado grupo que se llama Varry Brava y que me cargan las pilas.

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