martes, 6 de junio de 2017

06.06.2017... Reflexiones de martes noche!

Esta mañana pensaba que el egoísmo viene dado por creernos uno mismo en el mundo.

Estamos acostumbrados a perseguir nuestro propio bienestar sin pensar en los demás.

Vivimos mundos de fantasía y ni siquiera sentimos que somos parte de un todo.

Hemos olvidado que ser y estar, no es ser o estar con uno mismo sino que es Ser y Estar en un hábitat que lo conformamos muchos, independientemente de donde vengamos, vayamos, pensemos, seamos o queramos.

He llegado a sentir que uno es ajeno al resto y el resto es ajeno a ti. No es ser individualista, simplemente es comenzar a sentirse uno mismo para poder dar a los demás.

Curiosamente, ojeando un texto, me encontré con la siguiente cita del maestro zen Linji:
"Deja en paz tus pensamientos y no busques nada fuera de ti. Presta atención a las cosas tal como aparezcan. Atiende solo a lo que surja en el presente. Despreocúpate de todo lo demás."

Qué difícil es llevar a cabo algo así. Estamos envueltos en un sin fin de problemas que nos llevan sin darnos cuenta, de un día a otro. No nos detenemos a pensar.




No hay que pensar tanto en el mañana y sí en dejar que la vida nos sorprenda a cada instante.

El otro día, uno de esos amigos que uno tiene, y siente de verdad, me decía que él ha decidido vivir el momento, pensar primero en él como principio fundamental para sentirse bien y así poder trasladarlo a los demás. Dejar de preocuparse del resto porque lo primero es preocuparse de uno mismo.

A veces, afirmaciones así chocan con mis planteamientos pero otras, si nos paramos a analizarlo profundamente, te das cuenta que la razón del ser es estar conforme consigo mismo, estar bien tú mismo porque esa es la única manera de poder ofrecer a los demás, de ser compasivo con el resto.

Nos aferramos a grandes sueños, mientras la vida va a gran velocidad, y ni siquiera nos damos cuenta, ni nos da tiempo a pensar, en lo que verdaderamente deseamos. 

Hipotecamos nuestras vidas por cosas que carecen de sentido alguno. ¿Cuántos hay que cuando han alcanzado la riqueza y la fama, después de años peleando, sufriendo y mal viviendo por ello, han fallecido sin haber podido disfrutar, ni antes ni después, de ese ficticio éxito?

Tal vez necesitemos menos cosas, menos ruido, y así dejar tranquilo a que nuestro corazón germine en paz y crezca.

Al final del día, cuando repaso lo acontecido, lo no acontecido, a lo que llego y a lo que no, pienso que en este instante, ahora mismo, huiría. Me pondría las zapatillas, mi ropa cómoda, dejaría los relojes, los zapatos y emulando a Thoureau, caminaría sin parar, sin rumbo, hasta dar con ese rincón que es el mío, en el que sé que nada es posible ni nada imposible. Y no, no es ser individualista, es simplemente, huir de estos asfaltos realmente egoístas.

Y no sé si lleno mis páginas de tonterías de tinta. Ni siquiera sé si nada de lo que hago sirve de algo. Tampoco sé si los que me rodean son mínimamente conscientes de lo que hago, o mínimamente felices conmigo, o si simplemente encuentran en mi un simple apoyo perfecto para pasar un rato o llevar su camino con más seguridad.

Si ni yo mismo me aguanto, por qué deberían hacerlo los demás.

Hablo, escribo, pero no avanzo en mi. De ojos a fuera soy un privilegiado de la vida, no hay más que verme; pero de ojos a dentro, que son los míos, con los que me miro, tal vez no sea más que uno de entre los muchos gilipollas que deambulamos por la vida, envueltos en un uniforme de creencias y tradiciones que escupen estupidez a cada paso.

Tal vez es que esta sea la edad del pensar y repensar. Tal vez acercarse al medio siglo te haga pensar y repensar. ¿Madurar?

Mientras mantengamos falsas creencias jamas podremos acercarnos a la verdad, a nuestra verdad.

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