sábado, 3 de junio de 2017

03.06.2017... Cataluña en Granada.

En toda la semana no me he dejado caer por las páginas de este cuaderno. No sólo lo echaba de menos, sino que el significado de no descargar algunas palabras por aquí, supone una falta de tiempo poco habitual con ese encuentro conmigo mismo y mi silencio. Y lo noto. Es como si todos los desequilibrios, toda la falta de seguridad, todos los desencuentros espirituales, se fueran acumulando en el interior de forma que van inflamando el cuerpo en toxinas cada vez más difíciles de limpiar.

Pero hoy, por fin, he conseguido ese encuentro, ese espacio meditativo y de silencio que, llevado por el deseo, desemboca en este desahogo vital que página a página va conformando mi vida.

El miércoles, a las 6.45h llegaba al aeropuerto Adolfo Suárez para coger el avión que me llevaría a Granada

Tengo claro que no se me hace tarde cuando tengo que viajar. Si, como fue el caso, he de coger un avión, soy capaz de quedarme a dormir en el aeropuerto o llegar con tanto tiempo que me haga pensar a cada minuto en el sueño perdido.

Cuando uno tiene que madrugar más de la cuenta, no duerme tampoco como debe. La mente se activa de tal manera que te hace estar pendiente, despertando a cada momento, para comprobar que no te has quedado dormido sin escuchar el despertador.



Granada es una de esas ciudades que consigue atraparte con uñas y dientes, dejar en tus pensamientos esos buenos y poéticos instantes que te empapan en una atmósfera de sencilla felicidad.

Han sido días cansados, pero intensos. Vivir. Vivir cada momento, cada instante como si fuera el último. Aprender de cada situación, de cada detalle que la vida te aporta.

Días también reflexivos, cómo no, en los que la vida te muestra que muchas veces ciertos comportamientos pueden hacer daño a esas personas que te importan y que, sin necesidad, sufren las consecuencias de tus poco sensibles acciones.

Los viajes son lecciones de vida en los que aprendes tanto de ti mismo como de los demás.

Las ciudades te descubren otras personas y tú te descubres ante ellos como ese que normalmente no eres o, simplemente, como el que quieres ser.

En estos viajes trato de aprovechar tanto los tiempos que termino agotado pero entusiasmado de haber vivido las esencias del rito humano, dejando que el cerebro se impregne de tanta materia de vida que pueda ser reconvertido luego en poesía.

Granada es una ciudad inmensa donde las calles rezuman de tanta historia, que no dejan de recibir invasiones, aunque ahora, a muchos bárbaros les llamemos turistas.

Recorrer el Albaicín, contemplar el anochecer sobre la Alhambra; sentir las huellas de esas culturas en cada piedra, en cada una de las nubes que bañaban nuestro cielo.

Pero hay una Granada poco vista y que siempre me queda por conocer, es la de sus sierras, la de sus campos escondidos entre esos maravillosos cielos, como es la maravilla de esa comarca de las Alpujarras, por ejemplo, lugar de privilegio para sentir el campo en su esencia primigenia. Pero lo conseguiré si el 'tiempo' lo permite.

La casualidad hizo, además, que conociese a uno de esos personajes que ha dado la reciente historia de España: Miquel Roca

Miquel Roca es uno de los padres de la Constitución Española, fundador de Union Democrática de Cataluña y nieto del dirigente carlista catalán Miguel Junyent.

Desde 1982 hasta 1995 fue presidente de la representación de la Generalidad de Cataluña en la Comisión de Cooperación Bilateral con la Administración del Estado. Fracasó su intento de vertebrar un partido centrista, al estilo de Convergència i Unió, en el resto de España: el Partido Reformista Democrático (PRD). En 1986 se presentó como candidato de CiU y Florentino Pérez, su amigo y socio de coalición encabezando el Partido Reformista Democrático, que no obtuvo representación.

En la actualidad, se dedica a la asesoría jurídica a través de su despacho Roca Junyent Abogados Asociados, que fundó en 1996 y también es profesor de Derecho Constitucional en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Debido ha su actividad profesional,  ha sido algo más popular en los últimos tiempos al haber sido contratado por la Casa Real para que defendiera a la Infanta Cristina en todo lo relacionado con el proceso del Caso Nóos, empezando por las diligencias para evitar que prospere su imputación. Caso que ganó.

Curiosamente, el jueves se celebraba también en granada las VII Jornadas de Juntas de Gobierno de Colegios de Abogados

Estas Jornadas contaron por la mañana con la intervención de Miquel Roca y, como tiene una especial relación con RC, con el que yo me encontraba para asistir a unas Jornadas organizadas por nuestra fundación, quedó con él para una visita al Tribunal de Justicia de Andalucía y almorzar. 



Así me encontré, compartiendo mesa y mantel, los tres, en una amigable, interesante y fabulosa comida en Granada. 

Mantener una comida íntima, informal, con un personaje de este tipo, como se puede imaginar, de primeras te produce respeto pero luego, cuando vas escuchándole, cuando ves que te permite preguntar, indagar, curiosear e incluso charlar con una sencillez que no esperas, se convierte en una lección no solo de historia sino de análisis de la actualidad que nos lleva en los últimos tiempos.

Me permito no escribir ninguno de sus comentarios o reflexiones, por discreción y respeto, pero sí una de ellas: estamos en un momento muy delicado y grave de la historia de este país. Tan delicado que no sabemos hacia donde nos lleva ni cuánto durará.

Sus afirmaciones y reflexiones fueron, en general, sobre la situación del país y sobre esos partidos emergentes que dan voz al populismo en España. No quise dejar la oportunidad de preguntarle sobre Cataluña. Su contestación fue bastante sensata y, más, viniendo de un señor que además de jurista ha sido parte de la Transición Española. Por no transcribir lo dicho, y por recordarme algo leído en palabras de un histórico, dejo lo escrito por don Gregorio Marañón el 25 de septiembre de 1931: 
"Es preciso, desde luego, afinar el estudio de los problemas. Pero, sobre todo, entenderse con lealtad, creo que no sería difícil, yo me atrevo a decir que sería muy fácil si los castellanos estuviesen un poco mejor enterados de la realidad de Cataluña. Lo cierto es que el catalán, sobre todo el político catalán, conoce a España mejor que el político de aquí conoce los problemas de la región catalana; y, sobre todo, los hombres de Cataluña, que en este momento, por necesidad y por táctica, aun cuando no fuera por sentimiento, son profundamente leales respecto de nosotros. Saben mejor que nadie que sus problemas vitales no pueden aislarse del mundo y que su intermedio tiene que ser la nación española.Pero no pueden olvidarse que tienen también su problema interior, político, embravecido, que es una realidad, que les ata las manos; y debe ser también una realidad para nosotros, porque es una obligación que lo sea. Digo esto porque no soy catalán y porque soy español hasta la médula de los huesos. Lo digo por puro amor, infinito a España, que no convalecerá de tantos males hasta que viva en paz con ese pedazo de su cuerpo."
Tras el almuerzo, un paseo por las calles de la capital nos llevó hasta el lugar de nuestro acto. Pude comprobar con agrado cómo las gentes, sobre todo las personas que cruzábamos, le reconocían y saludaban amistosamente. Alguna señora incluso le soltó algún piropo a lo que él, que a sus 77 años se encuentra estupendamente, aparentando una edad menor, respondía con agradecimiento y con gestos de inteligencia y experiencia excelsa. Qué diferencia, qué buen recuerdo se guarda todavía de aquellos políticos y qué poco aprecio se tiene (o tienen algunos) a los de ahora.

Mi viaje concluyó anoche, tarde. Las tormentas no permitían aterrizar a los aviones y estuvimos un tiempo dando vueltas por los cielos de Toledo hasta que se nos dejó bajar a la tierra.

Vine pensando, entre el cansancio, entre conversaciones, en cómo lo que pensamos nos hace caminar o parar; nos hace arriesgar o mantenernos donde estamos. Hoy, casualmente, vuelvo sobre estos pensamientos; sobre la mente, sobre los miedos vitales que nos atrapan. Pero no voy a escribir de ello, lo haré, nuevamente, más adelante. Es algo que me fascina y es algo que, en innumerables ocasiones, también, por qué no decirlo, me afecta a mi. Pero casi siempre, o siempre, mi yo es mi yo y no me gusta sentir mal a los que me importan.

Feliz noche.

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