domingo, 2 de abril de 2017

02.04.2017... Estamos de paso...!

Terminando la semana a dentelladas, mientras comenzamos ese mes de abril que parece nos inunda de primavera.

Uno, que consigue levantar el domingo a base de zancadas por los caminos que rodean ese inmenso Cerro de los Ángeles; uno, que escucha el silencio y siente el perfume que va quedando en cada paso que damos, no le queda más remedio, a veces, que reflexionar sobre la vida. Tal vez deberíamos hacerlo más a menudo. Tal vez deberíamos detenernos más veces y no solo cuando sentimos de cerca lo impermanentes que somos.




La desgraciada y triste noticia de la semana, de ese compañero que antes de tiempo marchaba; esa casualidad que hacía que una semana antes conversara con él debido a la pérdida de su padre y que, en nuestra despedida, la frase que pronunciase fuera "no somos nadie Jose, estamos aquí de paso". Qué razón y qué poco nos paramos a pensarlo.

Nuestro mayor problema en la vida es que nos creemos permanentes y no asumimos que estamos de paso. ‬

Perdemos más que ganamos tiempo, vivimos sin vivir el momento presente. La vida es o no es.

Envolvemos nuestros días en cosas absurdas, sin tiempo para nada, llenos de inoportunos reclamos físicos o virtuales, sin espacios de silencio para pensar, para pensarnos, para sentirnos y respirarnos.

Detengámonos. Paremos.

Dejemos de devorar el tiempo con esa intensa y estresante actividad, buscando un futuro idílico repleto de bienes materiales inservibles.

Por qué no disfrutamos de los momentos. Por qué tan sólo cuando ocurre una desgracia, nos paramos a pensar en lo poco que vivimos cuando tenemos la oportunidad de hacerlo cada día, hoy.

No dejamos de pensar en ese futuro etéreo dejando escapar el presente. El mañana es el mañana y esos problemas que creemos a lo mejor nunca aparecen y mientras, vamos perdiendo el presente.

Disfrutemos más del momento, sin necesidad de abrazarlo a nosotros como una posesión. Todo lo que se posee nos posee.

Estamos permanentemente preocupados en poseer, si no poseemos parece que no tenemos nada. ¿Para qué ese deseo de poseer si luego nos vamos a marchar sin nada?

Hay que pararse. Repasar lo que hemos hecho, lo que somos y lo que queremos ser en el tiempo que nos quede.

Nos advertía el maestro Seneca en su famoso diálogo “De la brevedad de la vida”:

"Recuerda cuántas veces has perseverado en un propósito, cuántos días han pasado cómo te habías propuesto, cuándo has sacado provecho de ti mismo, cuántas veces tu rostro ha estado sosegado, y tu ánimo intrépido, qué obras has practicado durante tu larga vida, cuántos te la han saqueado sin que tú advirtieras lo que perdías, cuánto tiempo te han hecho perder inútiles dolores, estúpidas alegrías, ávidos deseos, agradables conversaciones; verás cuán poco te quedó de lo que era tuyo. Entonces comprenderás que es prematura tu muerte. ¿A qué culpar entonces? Vivís como si la vida tuviera que durar siempre; nunca se os ocurre pensar en vuestra caducidad; […]"

No es fácil apartarse de ese estilo de vida que nos rodea. Cuántas veces lo decimos y qué pocas ni siquiera intentamos.

Mañana es el adverbio de los vencidos. Si renunciamos al hoy por el incierto mañana, habremos perdido el hoy y seguro también el mañana que lo convertiremos, a su vez, en otro posible mañana.

Nos convocamos continuamente a ir tras objetivos que en la mayoría de los casos son inalcanzables y dejamos de lado, para otro momento, el preocuparnos por nuestro presente.

Queremos controlarlo todo y no somos dueños de nada.

Hay lecciones que no aprenderemos nunca siendo tan fáciles de comprender. Nos llegan una y otra vez, las pensamos un poco, momentáneamente, reflexionamos sobre ello pero mañana olvidamos. Mañana volvemos a correr tras aquello que nos llena de obligaciones apartando lo de dentro, la esencia.



En tardes así, mientras anoto estas reflexiones, me quedo mirando a Kika, mi perra. Ahí está, plácida, en paz, tumbada entre mis piernas, en un estado de felicidad permanente, ajena a todo lo exterior. ¿Qué pensará? Esa es su felicidad; sentir tan solo una caricia, sentir el calor. No necesita ni busca nada más, le basta con lo justo. Siempre digo que si analizásemos más el comportamiento de los animales, aprenderíamos mucho a vivir.

La sabiduría está en cada rincón, pero debemos estar abiertos y dispuestos a aprender.

Aprender a detener el tiempo, de otra manera el tiempo termina por devorarnos.

Algunos tenemos la vida llena de oportunidades, tenemos esa 'base' para ser felices, como me decía el otro día una de esas personas que quiero y me importan, y en cambio, no dejamos de buscar o anhelar esa felicidad que jamás encontraremos fuera de nosotros; esa felicidad está dentro y nos da miedo a buscar en nuestro interior.

Buscamos fuera lo que tenemos dentro. Perseguimos justo aquello que no nos suele aportar más que problemas o desequilibrios.

Corremos tras lo supérfluo cuando lo que necesitamos es parar y agarrar lo importante: el alma, nuestro espíritu, los versos, el instante.

"Estamos de paso", qué razón compañero Antonio. Estamos tan de paso que nos perdemos en pensar en ese mañana que sabe el GADU si tendremos y lo que estamos haciendo es tirar por la borda el hoy además del mañana.

Cada uno de nosotros decidimos nuestra vida. Creamos nuestra realidad. Nuestro día a día es nuestro y de nadie más. Somos nosotros los que decidimos cómo vivirlo.

Es posible que dentro de unos días haya olvidado estas reflexiones que dejo escritas por aquí, que vuelva a convertir mis días en esa alocada carrera a no se sabe dónde, que me olvide de vivir el instante y busque el incierto futuro. Lo sé. Pero de vez en cuando vuelvo por estos cuadernos, y me leo. Si me leo es que sigo y si sigo puedo detenerme y cambiar de camino.

Nunca es tarde mientras estemos.


"Ni las victorias de los juegos olímpicos, ni las que se alcanzan en los campos de batalla, pueden dar al hombre la felicidad; las únicas que tal logran son las que se alcanzan sobre sí mismo."Epicteto

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