domingo, 5 de marzo de 2017

05.03.2017... Busca dentro de ti.

No sé por qué, pero tengo la sensación de que vuelvo a sentir que me faltan las horas, que me falta el tiempo para hacer lo que debo o para iniciar todo aquello que me bulle en la cabeza.

Lo llevo pensando todo el fin de semana y lo he vuelto a pensar ahora, cuando paseaba por aquí y me daba cuenta de los pocos momentos que he compartido en estos días.

Nuestra vida, particularmente la mía, se ha acostumbrado a llenarse cada vez más de proyectos, de iniciativas, de ideas varias que me ocupan infinidad de tiempo, que me generan ilusiones, emociones y vértigos, pero que, en definidas cuentas, muchas veces no sé por qué me meto o ocupo de ellas: me acaparan, me provocan también problemas y, por qué no decirlo, a veces tampoco se muy bien si hago lo correcto.

El caso es que cada vez ando más disperso, con menos tiempo para lo importante que es, entre otras, la poesía, que es, y por qué no decirlo, yo, mi yo y mi mundo personal, y me voy metiendo de cabeza en cada charco que aparece delante de mi. A veces me da la sensación de que hago las cosas sin pensar, como una costumbre que se ha generado en mi a no renunciar a nada, a no decir que no a nada y tirarme de cabeza a todo aquello que se me pone delante como proyecto nuevo que me hace llenar la mochila de más carga pero que al final, como todo en la vida, de tanto se queda en nada.

No todos vivimos el tiempo a la misma velocidad. Algunos corren despacio y otros caminan deprisa. Unos esperan tranquilos, otros impacientes.

Cada uno debe recorrer su propio camino. Ni podemos usurpar el de otros ni dejarnos correr el nuestro por otros. Es importante encontrar el camino.

Tal vez por eso, también, en los últimos tiempos trato de perderme unos minutos en la meditación y en la filosofía budista: en la búsqueda del yo, del instante aunque sea mínimo.

No me siento culpable de lo que hago, pero sí sé que soy responsable de no controlar todo lo que voy generando en mi vida.

Eres tu enemigo. Soy mi enemigo.



En ocasiones creo que necesito todo eso, que necesito levantar con todos esos proyectos, obligaciones y responsabilidades; otras más bien creo todo lo contrario, que todo es llenar de nada la vida porque lo verdaderamente importante no está ahí fuera, está dentro de nosotros.

Leí hace poco un cuento, de esos que son como una fábula, creo de un autor desconocido, que tiene mucho que ver con lo que escribo hoy. Como me gustó mucho, lo voy a dejar por aquí. Se titula "¿Dónde escondieron la felicidad?" y dice así:

"En cierta ocasión se reunieron todos los dioses y decidieron crear al hombre y la mujer; planearon hacerlo a su imagen y semejanza, entonces uno de ellos dijo:
- Esperen, si los vamos a hacer a nuestra imagen y semejanza, van a tener un cuerpo igual al nuestro, fuerza e inteligencia igual a la nuestra, debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros, de no ser así, estaremos creando nuevos dioses.
Debemos quitarles algo, pero, ¿qué les quitamos?
Después de mucho pensar uno de ellos dijo:
- ¡Ya sé!, vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser en donde esconderla para que no la encuentren jamás.
Propuso el primero:
- Vamos a esconderla en la cima del monte mas alto del mundo; a lo que inmediatamente repuso otro: no, recuerda que les dimos fuerza, alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde esta.
Luego propuso otro:
- Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar - y otro contesto:
- No, recuerda que les dimos inteligencia, alguna vez alguien va construir una máquina por la que pueda entrar y bajar y entonces la encontrara. 
Uno mas dijo:
- Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra.
Y le dijeron:
- No, recuerda que les dimos inteligencia, y un día alguien va construir una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad y serán iguales a nosotros.
- El último de ellos, era un Dios que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás dioses, analizó en silencio cada una de ellas y entonces rompió el silencio y dijo: 
- Creo saber en donde ponerla para que realmente nunca la encuentren.
Todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono: ¿En donde? 
- La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que no la encontraran.
Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así, el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la lleva dentro de sí mismo."

Busquémonos dentro y vayamos descargando la mochila.

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