jueves, 5 de enero de 2017

05.01.2017... Por unos RR.MM. literarios!

La verdad es que he llegado a este jueves corriendo, como con prisa. Lo comenzaba, como cada día, con esa ilusión del que sabe todo puede ser diferente si nos proponemos que sea; o todo puede ser igual porque así lo queremos. Pero el nuevo día te da siempre esa oportunidad, de hacerlo distinto, de comenzar de nuevo.

Yo llegaba al jueves como el que se lanza en plancha para que el balón pare antes de atravesar la portería. Son ya demasiados años, son ya demasiados goles, alguno metido en propia meta. Entre ayer y hoy, entre hoy y ayer, no he dejado de pensar la capacidad del ser humano para hacer cosas, tomar decisiones, tan disparatadas que le llevan a la perdición en el tiempo que tardamos en parpadear. 

Las personas somos tan difíciles de entender y de predecir que, por ello, somos capaces de provocar lo indeseable y al instante comportarnos como si no hubiese pasado nada. Esa capacidad innata, camaleónica, de algunos, genera la desesperación de otros. Pero claro, cuando llevas tiempo recibiendo balonazos, parando balones o perdiendo otros, ya la experiencia te dice qué balón debes dejar pasar y cuál no.

Pero esta mañana despertaba ilusionado. Despertaba con la decisión e ilusión de provocar una desconexión mental en estos días de sueños y estrellas. Así es. Hoy es un día de ilusión infantil.

Pensaba esta mañana, escribía, que convertir los días en ilusión no sólo debería ser algo de niños sino que esa niñez no debería abandonarnos nunca. ‬Que cada Despertar sea un motivo para ilusionarte.

Y muchas veces la ilusión no es más que un suspiro, la respiración o un susurro. Tener ilusión es pensar y sentir el vivir en un momento o un instante. 


Hoy es esa noche de ilusión infantil en la que los niños del privilegio, que son nuestros niños, los hijos del privilegio, esos hijos que sus padres, nosotros, hemos sufrido largas colas para comprar ese último juego de la Play, a cincuenta euros el ejemplar, no sabrán, ni queremos que sepan, que millones de niños de su edad, hoy, no dormirán no por los nervios que provoca el pensar que mañana el salón estará repleto de regalos, sino porque tienen hambre. No sabrán nunca, porque no queremos que lo sepan, que alguna de esas criaturas, desgraciadamente más de lo que pensamos, posiblemente no despertara mañana. 

Y yo seguiré viviendo en esta contradicción permanente que siempre será. Esa contradicción que te provoca el pensar que se puede hacer más, que puedo hacer más. Que mis problemas son una gilipollez, que todo lo que me ocurre es un absurdo comparado a lo que hay por ahí, incluso cerca, y que cubriendo entre algodones a los que vienen detrás sólo les perjudicamos en su futuro. 

Hoy discutíamos, entre amigos, que nuestro hijos llegan a coleccionar en los armarios regalos sin abrir porque ni siquiera se acuerdan de que los tienen. 

Pero seguimos comprando porque parece que tenemos un compromiso con el consumo y no con la persona. 

Sólo el tiempo que ocupamos en adquirir, es tiempo que perdemos en vivir. No nos damos cuenta.

Estas reflexiones las he ido anotando en el móvil mientras corría por las calles de Getafe, repletas de familias, a la espera del comienzo de la tradicional Cabalgata de Reyes.

Ahora que las paso a limpio, he querido repasar mis notas, mi cuaderno del año pasado y leer (aquí) lo que escribí exactamente en el día de hoy, el 5 de enero del pasado año

Curiosamente no variaba mucho ni el pensamiento ni la reflexión. Escribía, entre otras: 
Hemos progresado, y mucho. El beneficio del progreso, para los privilegiados como nosotros, es inmenso, pero creo que no estamos haciendo el uso adecuado de él.Nos falta Paz, nos falta Paz interior. Estamos más preocupados de poseer, de tener éxito, de ser los más guapos, de tener no sé cuantos seguidores en el facebook o en twitter, que de 'Ser'.Hoy he dedicado algún tiempo a reflexionar y meditar sobre esta enfermedad que nos acompaña y que hace que, sin ser conscientes de ello, se la estemos contagiando a nuestros hijos de una manera acrecentada. No nos damos cuenta de la cantidad de ataduras que nos estamos provocando. Anhelamos la libertad pero cada vez somos menos libres. Si no dejamos de tener ese ansia por poseer y acumular, por apegarnos a las cosas y a las personas, nunca seremos verdaderamente libres.La belleza no está en una cara bonita con una sonrisa perfecta, la belleza se encuentra en el interior de cada una de las personas. El éxito no está en un coche más o menos grande; el éxito está en el instante, en este momento, en un poema o una mirada.
Yo llegaba a este día con esa necesidad de paz, de tranquilidad, de descanso mental. Nada más. De perderme entre libros y tratar de meditar sobre lo que soy, lo que tengo, lo que verdaderamente necesito y cómo puedo ayudar a que los demás puedan vivir o sentir un poquito más y mejor.

Y esa es mi ilusión.

Recibí por adelantado unos RRMM. Unos Reyes literarios acertados, que llegaron de sorpresa para formar parte de este mundo mío: los libros. 

¿Por qué no regalaremos más libros? ¿Por qué no provocamos que la imaginación de todos esos niños se ejercite a base de esas fantásticas historias o reflexiones que se esconden en los libros? Desde bien pequeño no recuerdo un sólo año en el que unos libros sean ese presente que me haga sentir dónde se esconden los verdaderos tesoros.

Este año han sido especiales: Gógol, mi Montaigne y ese magnífico libro sobre los existencialistas escrito por Sarah Bakewell, 'En el café de los existencialistas. Sexo, café y cigarrillos o cuando filosofar era provocador.'

Y yo tan feliz.

Una sorpresa que ha llenado de poesía estos días. Y sí, claro que sí, acertada en mayúscula no por el volumen y el peso de páginas, sino por el valor que esconde el poético detalle.

Por unos Reyes Literarios siempre y porque prevalezca la ilusión de pensar un poco más en los demás.

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