sábado, 8 de octubre de 2016

08.10.2016... Existiendo!

Escribí por aquí esta semana uno de esos textos que uno prefiero no escribir pero que, en ese hábito prácticamente existencial, vomita desde su hondo silencio: 'Priorizar lo importante'. Lo de menos son esos títulos absurdos, en los que acoto mis pensamientos, mis días; lo importante es la existencia de la reflexión sobre la esencia, el por qué de las palabras. La esencia de la existencia. 

Los existencialistas eran esa corriente filosófica que consideraba que la cuestión fundamental en el ser es la existencia, en cuanto existencia humana, y no la esencia. ¿Seré un existencialista?

Pensar en el hecho esencial de existir en el aquí, ahora, en el mundo, comprometiéndose con lo que se vive. Existencialistas eran Simóne de Beauvoir, su novio Sartre y Heidegger, entre otros.

Sartre impulsó una de esas filosofías en las que tanto me detengo, la de la libertad individual. Venía a decir que el ser humano está condenado a elegir y lo que elige le hace ser lo que es.

No tengo claro que nuestras elecciones sean correctas, podrían ser discutibles o fracasadas. Pero las elecciones son nuestras. Es como vivir o no vivir.

Estos pensamientos, acompañados de alguna lectura filosófica, me han envuelto estos días en uno de los viajes profesionales que más me ha costado hacer y que, posiblemente, más en tensión me ha tenido por lo que dejaba aquí, que es lo importante y que, aunque la evolución desde el primer día es positiva, no por ello deja de ser preocupación.

Hay una parte de nuestra vida que hemos elegido, la profesional, que nos compromete y que a veces nos hace incomodar. No elegimos los momentos ni las circunstancias y, tal vez por eso, en ocasiones sean las circunstancias las que nos llevan a nosotros.

Viaje, esta vez, a Alicante y que terminó ayer noche. Viaje mentalmente tenso, pero positivo en lo profesional. Un viaje que, sin duda, me devuelve con momentos entrañables de esos que te hacen recordar siempre hasta el ritmo de los vagones del tren mientras el sol se escondía bajo los campos de la Mancha.



Alicante es una ciudad/pueblo o un pueblo/ciudad. Reconozco que, aun veraneando desde siempre en la provincia, poco conozco de esta capital marítima que esconde rincones bohemios y callejuelas de esas que saben a sal de mar.

El trabajo me ha hecho viajar en varias ocasiones, recorrer sus calles, contemplar, pausado, su mediterráneo azul y disfrutar de esos dos o tres lugares gastronómicos dignos de excitar el paladar a los que siempre vuelvo: Restaurante Manolín, la Taberna del Gourmet y El Portal. Este viaje, en cambio, me ha hecho sentir, por fin, Alicante.

Alicante es una ciudad tranquila, una ciudad tal vez algo mal gobernada en los últimos años y, por ello, algo dejada. Pero Alicante es una ciudad amable, tranquila y, sinceramente, agradable para vivir.


Ahora, en esta tarde en la que el sol va poniéndose dejándonos uno de esos cielos otoñales, trato de sentir y descansar el viaje. Todo lo importante evoluciona correctamente, la mente parece se relaja y trata de quedarse sólo con esos momentos que te hacen existir. 

Somos seres arrojados al mundo y en el mundo existimos tomando decisiones, eligiendo, angustiándonos, viviendo en el aquí y en el ahora. Eso es Existir y existir es Ser.

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