sábado, 6 de febrero de 2016

06.02.2016... Escribir viviendo...

Los sábados así, el café, la compra, caseros y literarios, familiares, son ideales.

Me pierdo en uno de mis rincones, en uno de esos espacios -ya más de uno-, en el que voy amontonando mis libros como mi vida. Y ¿cuánta vida en todas esas miles de páginas?



Sentado en la mesa contemplo la estantería de enfrente, con las baldas curvadas por el peso, dedicada a la literatura diarística. Cuántos volúmenes, páginas vivas, escritas en el día a día. 

Me quedo hipnotizado, meditativo, tratando de rebuscar un solo espacio libre. Se me va el tiempo acariciando, recolocando, abriendo y cerrando libros y libros. Recuerdo dónde he adquirido cada uno, en qué lugar y, prácticamente, cómo me sentía en ese momento.

Abro un volumen viejo, los Diarios de Amiel, comprado hace quince o dieciséis años, en algún puesto de la la Cuesta de Moyano. Las páginas amarillas. Frases subrayadas. Recuerdo leerlo mientras paseaba con Mozart, al medio día o por las noches. Era un momento realmente especial.

Ir escribiendo la vida, tal como se ve y siente, es una oportunidad frente al olvido. Tal vez por eso, cada vez escriba más y cada vez me guste más perderme en esos diarios escritos y publicados por otros, en vida o muerte.

Solo leyéndolos apreciamos lo que ya no somos. Con solo una persona que lea alguna de nuestras páginas, cuándo no estemos, sería suficiente como para sentir tu huella no borrada en el tiempo. 

Dicen que no es nada bueno leer lo que uno escribe años atrás. En aquellos momentos las circunstancias, buenas o malas, mejores o peores, marcaban el estado emocional y existencial de quien decide vomitar sus pensamientos en una hoja. Por eso, al leerlos años después te vuelven a ese instante sin poder evitarlo. 

Estos días, trato de corregir ese proyecto de nuevo libro, que será continuación a '¿Por qué no te lees?', y leyendo mis notas de hace unos años, me ha hecho sentir extraño.

Creo que la vida de cada uno tiene sus etapas, sus momentos y sus paréntesis. Unos, la gran mayoría, suelen ser felices y un privilegio lleno de gratitud; otros, los menos, pero los que más dañan, son momentos que te dejan marcado a fuego el sufrimiento o la descomposición personal. Yo nunca supe, ni entendí, por qué siendo una persona cabal y privilegiada en lo máximo, equilibrada en lo emocional, en lo intelectual, espiritual y profesional, podía dañarme tanto un desprecio que, por otro lado, podía hasta ser entendible y respetable. Pero me hizo daño, emocionalmente hablando. Me bloqueó por una temporada, hasta tal punto que pasé un tiempo sin disfrutar de lo que podía haber disfrutado: el privilegio del día a día. 

Hoy, cuando me leo, todavía se me ponen los pelos de punta; siento aquellos momentos como si fueran ayer. ¿Sirvió de algo?  Me dejé llevar por la rabia y por los pensamientos negativos. Justo todo aquello por lo que aconsejo en mis charlas no dejarse llevar. Pero aprendí. Aprendí y me fortaleció. Tal vez lo necesitase.

Sé que muchos pueden vivir circunstancias así. Mi trabajo conlleva ayudar a superar bloqueos incluso más profundos.  Normalmente se generan por pensamientos totalmente negativos y por eso es fundamental, aprender a controlar nuestras emociones y pensamientos desde que despertamos. 

En mi caso, la estupidez fue tal que ese par de meses dejé de pensar en positivo. Jamás me había ocurrido, ni me ha vuelto a ocurrir.  Cada una de las tonterías que me venían a la cabeza eran totalmente absurdas. Me veía a mí mismo en un barrizal del que no formaba parte porque, gracias a Dios, no tenía motivos para ello. Me invadió una sensación de rabia, de humillación, de desorientación. Pero lo dicho, de todo se aprende.

Leer te hace vivir y recordar. Leerte años después, te hace sentir que vives.

Vivir y escribir, escribir viviendo. Creo que, sobre todo cuando tienes un bloqueo, el desahogo en el papel supone una terapia de la que siempre puedes aprender. Al leerte, tiempo después, además de sentirte vivo, te hace reflexionar sobre cada uno de esos instantes de vida, buenos o malos.

Feliz noche amigos...

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