miércoles, 3 de febrero de 2016

03.02.1016... Una panda de gilipollas.

Cuando uno camina, piensa. A veces pensamos más de lo que desearíamos pero, aun así, pensar enriquece y ejercita el intelecto. No pensar nos acomoda y atrofia en exceso.

Como decía, esta mañana mientras caminaba y sentía el frío del amanecer, pensaba en la sociedad que hemos hecho o estamos haciendo.

El primer pensamiento, así, que me ha venido a la cabeza ha sido bastante brusco: estamos en un mundo de gilipollas.



Gilipollas es un adjetivo definido por los diccionarios: lelo, tonto, idiota.

Cuando alguien puede llegar a asumir que lo es, que se siente gilipollas porque se ve rodeado, habitado, convivido, de millares de gilipollas, la gravedad es tal que o termina siendo uno más o sale corriendo.

En esos kilómetros de caminata, trato de analizar y plantearme preguntas de lo más variopinto, con el ánimo de pensar, de indagar, en los problemas y responder a ellos como buenamente puedo o entiendo. Es un excelente ejercicio que recomiendo siempre.

La pregunta que me hacía esta mañana es la siguiente: ¿por qué en España somos tan gilipollas? Me cuesta obtener una respuesta clara y que me convenza. 

Sé que me siento algo influenciado, o mediatizado, por los últimos acontecimientos políticos. Tal vez por eso, también, concluyo que vivimos en tal gilipollez que lo normal, a fin de cuentas, es también ser gobernados en la misma dirección.

Cuando se valora más a los perdedores que a los ganadores... 

Cuando se aplaude al más vago y holgazán... 

Cuando preferimos vivir de la subvención que del esfuerzo... 

Cuando aquellos que sacrifican sufren y los vividores se lo pasan bien...

...estamos en un mundo de gilipollas.

Cuando denostamos a los profesores que educan a nuestros hijos... 

Cuando aplaudimos a Belén Esteban como líder popular o Kiko Rivera como cantante eurovisivo...

Cuando nos alegramos de que cierto futbolista defraude a Hacienda...

Cuando renunciamos a nuestra bandera y nos da vergüenza decir que nos sentimos españoles...

..uno llega a la conclusión de que vivimos en un país de gilipollas.

Cuando nos alegramos de las desgracias de nuestro vecino...

Cuando nos escondernos en casa sabiendo que el de enfrente necesita ayuda...

Cuando tratamos de engañar al de al lado...

Cuando nos dejamos llevar por discursos populistas sin credo ni valor...

..conclusión: somos gilipollas.

No sólo no aprendemos de nuestros errores sino que los repetimos. Vivimos en un país cada vez más puñetero y todavía lo puede llegar a ser más.

En estos días, por ejemplo, he vivido de cerca cómo muchos jóvenes, y no tan jóvenes, andan enfrascados, empeñados hasta las cejas, por sacar adelante sus proyectos, sus ilusiones, para ganarse la vida. En cambio también he vivido, y sentido, a otros muchos que, riéndose de los anteriores, siguen en casa de sus padres holgazaneando y esperando recibir, mientras lo critican, ayudas del sistema. La diferencia es asombrosa.

Decir, ahora, que cada uno de nosotros tiene responsabilidad sobre el resultado de su propia vida, es como si insultases el pequeño intelecto de muchos de estos coletizados, a costa del sistema que critican. El estado no tiene que estar pendiente de nosotros. El Estado está para garantizar las necesidades asistenciales mínimas, de todo aquel que, por desgracia, no puede garantizárselo por sus medios.

Hace unos días, un amigo abogado, recibió el encargo de un cliente de denunciar a unas personas que habían ocupado una vivienda de su propiedad. Con buen hacer, este amigo abogado, antes de poner la denuncia, decidió ir a visitar a los ocupantes de la vivienda y solicitarles, por las buenas, que la abandonasen ya que el dueño quería y necesitaba disponer de SU propiedad.

Cuando llegó al piso, descubrió que los habitantes ilegales eran un matrimonio con dos hijos pequeños, escolarizados, con un vehículo Ford aparcado en en la puerta y, por lo que parecía, con trabajo habitual. Una familia aparentemente normal, sin más necesidad que la del resto, ocupando una vivienda que no era propiedad suya.

Llamó a la puerta, le abrieron y, educadamente les comentó:

- Mire, represento a fulano, que es el dueño de la casa, y les sugiero que al estar ocupándola ilegalmente se vayan porque necesita disponer de su vivienda.

- Pues le dices al dueño de la vivienda que se meta la denuncia por el culo porque de aquí no nos vamos a ir.

Fue la contestación.

- Vale, gracias, hasta luego -contestó el abogado mientras se daba la vuelta y marchaba.

Cuando me lo contaba me dijo algo así: "se me quedó la cara de gilipollas. No sabía que decirle."

Ahora, dentro de nada, ese o alguno como ese, podrá ser Director General, Secretario de Estado o Ministro de la Vivienda de España. Ahora, dentro de nada, alguno de esos que se orinan en las botas de los funcionarios, cuerpos y fuerzas de la seguridad del estado, podrán ser Secretarios de Estado o Ministros del Interior.

Y ¿por qué? Porque les hemos votado y están ahí representando al pueblo español. ¿Somos gilipollas? Creo que sí.

Me preocupa mucho todo esto. No por mí, que ya uno anda casi de vuelta, sí por las generaciones venideras, por nuestros hijos. Hijos a los que el esfuerzo y sacrificio, los valores, el sentido crítico y emprendedor, les suena a chino mandarín. Hijos cultivados en esa cultura de la gilipollez permanente.

Hay muchos que viven del cuento y lo pregonan. sin ningún tipo de vergüenza ni complejo. Cada vez generan más adeptos. es lo fácil. El esfuerzo no es un capricho. El esfuerzo conoce los obstáculos. Nadie te regala nada. Pero eso, ahora, no vende.

No hay otra manera de pelear por la victoria que perseverar en el trabajo diario, soportar la presión, ser capaz de sufrir… y no bajar nunca la guardia. La perseverancia como ADN emprendedor.

Pero eso, amigos, ahora no vende.

Lo que vende ahora es vivir del cuento, vivir de la subvención, ocupar lo que no es tuyo, insultar al profesor, romper las papeleras, orinar en la calle e imitar gobiernos venezolanos.

Y para todo esto otros, otros muchos, debemos seguir madrugando, sacrificando, jugándonos nuestros cuartos, pagando impuestos mes a mes y llegando a casa reventados todos los días y con la cabeza repleta de problemas.

Esta claro, también es de gilipollas.

Vamos que, desde mi humilde punto de vista, lo que se lleva ahora es ser un gilipollas.

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