sábado, 9 de enero de 2016

09.01.2016... Un tipo cualquiera.

Lo mejor es asumir que eres un tipo cualquiera. De esos que vagabundean por calles y andenes, que toman cañas en la esquina de la barra, que son capaces de comer en solitario, que leen poesía y tratan de poetizar la vida con versos. 

De esos que se emocionan con una película o que canturrean canciones de autores libres. Que a veces buscan el silencio como hambriento, pero otras es incapaz de estar sin los suyos.

Uno asume que es de esos que lloran abrazando a sus Amigos o despiertan todos los días pensando se comerán el mundo, aunque luego sea ese mundo el que le sacuda tortas y más tortas. Más Quijote que Sancho; siempre con la barbilla arriba.

Uno de esos que presume de ser diferente, pero no por serlo es más que el resto. Que le ilusiona una sonrisa hasta que se transforma en falsa y  que se acuesta dando gracias por los tropiezos que te levantan.

O de los que, simplemente, en invierno se envuelven en el calor de casa y no les mueve nadie.

Alguien que simplemente quiere amar al mundo y le da igual ser amado. Un filósofo de la vida o un escribiente en blanco.

Que no duerme por no perder vida. Que se culpa de lo ajeno y se preocupa y sufre cada día por los suyos.




Va pasando el tiempo y uno va asumiendo tantos defectos que dejan de tener efecto sobre uno.

Con el tiempo uno asume que la poesía redime los momentos, te envalentona mientras te humilla buscando esa palabra que sea capaz de expresar ese sentimiento tuyo, simbólico, al resto. Y es que algunos de esos versos que surgen, sencillamente laten al ritmo del corazón que los escribe.


Así he pasado esta tarde de un sábado de invierno mientras las lluvias limpian esa atmósfera nuestra.



Arropado en libros me he dejado llevar buscando la quietud. Vienen días de revolución interna en los que será difícil encontrar instantes poéticos aunque, siempre será o no, lo que uno quiera sea.



Decía el otro día, en una entrevista, Guille Galván (Guitarrista y compositor principal de Vetusta Morla), a raíz de la publicación de su primer poemario, 'Retrovisores', que "la poesía no está obligada a ser autobiográfica, pero sí honesta. Lo entiendo como un acercamiento a la verdad de quien la escribe, por lo menos a cierto énfasis por llegar a ella."

Me ha parecido una afirmación fantástica, entrañable. Si recorremos, aquellos que nos lanzamos a vomitar palabras con intención de convertirlos en versos, nuestras notas, nuestros borradores, nuestros poemarios, en sus fechas, en sus momentos y lugares, nos damos cuenta que en cada uno de ellos va quedando, a veces escurrida otras transparente, nuestra verdad, nuestra vida.

Descubrí estos días, tras leer algunas reseñas, a Wislawa Szymborska (1923-2012). Premio Nobel de literatura en 1996, poeta polaca que comenzó su carrera dentro del régimen socialista polaco para convertirse después en su opositora. Y esta tarde tranquila, la he dedicado a leer algunos de sus poemas. Una poesía valiente, clara, original y de gran belleza. Todo un descubrimiento.

Y qué mejor que terminar esta noche con estos versos suyos...


"Lo reconozco, ciertas palabras
me crean problemas.
Por ejemplo los estados llamados ‘sentimientos’
no consigo hasta ahora explicarlos de forma exacta

Lo mismo con ‘el alma’, palabra-acertijo.
De momento concluyo que es un tipo de niebla,
en teoría más duradera que los organismos mortales.

Sin embargo, mi mayor problema es la palabra ‘soy'.
Tiene la apariencia de una acción común,
realizada de forma general, pero no colectiva,
en un antetiempo presente,
de aspecto imperfectivo,
si bien, como se sabe, ya hace mucho perfectivo”.


Hasta mañana, feliz noche.

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