lunes, 14 de diciembre de 2015

14.12.2015... ¿Por qué los listos sobreviven? Por el gran número de tontos...

Digamos que hoy, para ser lunes, entre nuboso y lluvioso, he tenido varios momentos realmente diferentes. Creo que ambos podrían ser analizados desde un punto de vista literario; uno por ser y otro porque podría dar para una historia novelesca.

Creo firmemente, lo llevo apuntando un tiempo, que vivimos en un mundo de tontos en el que triunfan los listos.



Es verdad que, todavía, a estas alturas de la vida, uno no haya llegado a comprobar lo gilipollas que podemos llegar a ser algunos. Es verdad que uno trata de ser conciliador, tener buen talante y que nadie se moleste por nada. Parece como si quisiera pasar por este mundo sin dañar a nadie pero recibiendo una y otra bofetada. Pero, claro, es cierto que eso termina por generar que otros se aprovechen de uno. ¿No crees, Moreno?

Me sigo dando cuenta, a día de hoy, cercano a los cincuenta, que me cuesta reconocerme como tonto, pero sé lo soy. 

Miramos a nuestro alrededor y muchas veces creemos que algunos de los que nos rodean, esos que nos dicen o aconsejan, son ignorantes y no saben lo que hacen. Nosotros nos creemos los más listos porque hemos estudiado, leemos, tenemos buenos puestos, gestionamos más o menos dineros y generamos no sé qué beneficios. Pero somos unos tontos, unos gilipuertas. 

Todavía no nos hemos dado cuenta de que para ser hay que estar y que unos serán siempre, otros estaremos de prestado. Unos se aprovecharán del trabajo y del buen hacer mientras se toman el gintonic o de vez en cuando nos sonríen y nos palmadean en la espalda. Esa es la realidad del mundo y por eso hay tanta desigualdad.
La desigualdad no es fruto de ricos y pobres. La desigualdad es fruto de listos y tontos. Están los que piensan por el común y los que sólo viven por su interés. Y normalmente, desgraciadamente, beneficia a estos últimos. Y ocurre en el barrio, en los pueblos, en la empresa y en la política. Todo es igual.

Y es que uno trata de rodearse de gentes, personas, para vivir momentos felices y no para que le generen problemas y, en su caso, si estos surgen, al menos que aporten soluciones. Eso creía yo.

Es fácil arrimarse para sacar o cuando se cree se va a sacar algo a cambio del 'arrime'. Pero, ey amigo... ¿y si la cosa no va bien? Entonces el listo corre y el de siempre, el tonto, da la cara y aguanta, nuevamente el envite.

¿Por qué los listos sobreviven? Porque el mundo está lleno de tontos.

Y mi otro momento ha sido el feliz, el verdaderamente literario.

De vez en cuando llegan libros a las manos de uno que, por alguna razón, jamás hubieran aparecido. Es como cuando conoces a alguien por algún motivo, te agrada y piensas que de otra manera jamás te hubieras cruzado con esa persona.

Gracias al curso que realizo, Especialista en Creación Literaria, en una de las asignaturas (Escritura Narrativa I), la profesora nos ha invitado, obligado, a leer una novelita, pequeña, fantástica,  titulada 'Reencuentro' de Fred Uhlman.

La invitación ha sido obligación pero, la obligación, ha sido placer. Placer por leer una novela preciosa, desconocida para mi y de un autor tampoco conocido: Fred Uhlman.

'Reencuentro' es una novela que cuenta la historia de dos jóvenes que entablan una gran amistad cuando se conocen en sus estudios medios. Uno es humilde  y judío y otro es de clase aristócrata. La historia se narra en la Alemania de 1932 y, como conocemos, al cabo de un año llega Hitler al poder. Uno, el aristócrata, entra en las fuerzas nazis mientras que el otro, el humilde judío, no le queda más remedio que exiliarse. El final de la historia, ese 'reencuentro', es un momento reflexivo e inesperado.

El ejercicio que debo de hacer para el curso es escribir el capítulo 21 de la novela. No sé si seré capaz.

Pero hoy quiero dejar aquí un breve texto, del libro, que me ha encantado y del que he sentido un especial reflejo.  Os invito a leer toda la novela. Se lee en una sentada. No os va a defraudar. Yo me quedo con esta parte del final:

"Desde un punto de vista superficial, esto es cierto. Lo tengo 'todo': un apartamento frente a Central Park, automóviles y una casa en el campo. Además, soy socio de varios clubes judíos, y todas esas cosas. Pero no me engaño. Nunca he hecho lo que verdaderamente quería hacer: escribir un buen libro y buena poesía. Al principio me faltó valor para dedicarme a eso porque no tenía dinero, pero ahora que tengo dinero me falta valor porque no tengo confianza. (...) todos, sin excepción, somos unos fracasados."

Y digo yo: ¿esto lo he escrito yo? No, lo escribió Fred Uhlman hace algunos años, en 1977.

¿Tonto? Pues parece que sí. 

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