jueves, 15 de octubre de 2015

15.10.2015... De desleales (segunda parte).

No sé si dejar de darme esas caminatas tempranas que me permiten contemplar la belleza del despertar madrileño, sobre El Retiro, pero que me provocan pensamientos y reflexiones de lo más variopinto.

Hoy, creo que debido a esas noticias y comentarios con las que me acompaño en los últimos días, me ha dado por reflexionar sobre la lealtad. Más concretamente sobre la deslealtad.

Parece que algunos, cuando las cosas no van del todo bien, deciden que lo mejor para ellos, no para la colectividad, es abandonar el barco al que llegaron en momentos de gloria.

En la mayoría de los casos, ni falta hacía que estuvieran, ni falta hace que estén. Ni se les esperaba ni se les echará de menos.




He dicho muchas veces que soy el más defectuoso de los hombres, pero siempre me acompañó una característica, posible virtud, que en los tiempos que corren algún susto me ha dado: la lealtad. Y la lealtad la he unido siempre a la gratitud.

Es verdad, mis padres no son nobles burgueses, ni duques ni potentados terratenientes. Tampoco altos funcionarios del estado. Son, sencillamente, humildes trabajadores que nos trasladaron lo mejor que tenían: valores.

A veces esos valores se debilitan en el día a día, flojean por las circunstancias, pero siempre vuelven porque están ahí, sólidos.

Uno de esos valores, uno de los que más aprecio, es la lealtad.

Cada uno podrá dotar  del significado que desee, más amplio o menos, a este valor. A muchos les importará más o menos serlo, o que otros lo sean. En mi caso, la lealtad siempre ha sido fundamental en cualquier relación ya sea personal o profesional.

El leal es una persona, además de fiel a sus convicciones y creencias, a sus ideas, a sus relaciones personales,  agradecida.

El desleal, ya sabemos, el eterno desagradecido. 
Hay personas que, antes incluso de demostrarlo, ya apuntan serán desleales.

Desleal es aquel que obra sin lealtad. Y el desleal es alguién extremadamente peligroso en las organizaciones. El desleal es alguien que sólo se compromete consigo mismo. Su interés personal está por encima del colectivo.

Es curioso pero estos desleales y desagradecidos siempre cacarean o airean sus críticas cuando saben van a ser despedidos. 

Formo parte de una organización en la que, en los últimos tiempos, que no son los mejores, nos crecen los/las desleales. Recuerden a Vidal Quadras, recuerden Santiago Abascal (aunque a éste, entonces 'amigo' y compañero, la presidenta Esperanza Aguirre le mantuvo de director general mientras formaba, o montaba, el partido Vox) y recuerden, también, muchas intervenciones que, a destiempo y de forma intencionada, algunos nos vienen acostumbrando a soltar en foros no adecuados.

Recuerdo un tiempo, años atrás, en el que supe iba a ser cesado de mis responsabilidades más pronto que tarde. Había tomado la decisión, consciente y en conciencia, libre y voluntaria, de votar en contra de la propuesta de quién en aquel entonces era mi jefa. Voté en contra y lo volvería hacer. No voté a favor del sustituído, pero sí en contra de las formas y del sustituto. Entonces el sustituto se convirtió en jefe. A sabiendas, y conocedor, de cómo se las gastan los 'liberales de boquilla' con la libertad de opinión, sabía que mi tiempo era limitado. Entonces podía haberme marchado corriendo y  despotricando de unos y otros. No lo hice. Esperé a que sonara el telefóno aquella mañana, para escuchar de alguién, con extrema deshumanidad: José Luis no vuelvas mañana. Y no volví. Agradecí el tiempo que tuve la oportunidad, o que me dieron la oportunidad, de trabajar por los ciudadanos formando parte de un gran gobierno. Y no dejaré de dar las gracias por ello.

El problema de la derecha en España, liberal, centro o reformista, siempre ha sido el mismo: ellos mismos, nosotros mismos. El problema somos nosotros.

En la época que vivimos, asomando ya los pelillos de la coronilla de la recuperación de una espantosa y sufrida crisis, los ciudadanos no aguantan ni una, los votantes no aguantan ni media y los militantes comenzamos a estar hasta los cataplines de tanto interesado.

Ya está bien de tanto cantamañanas que más allá de apoyar y remar se ha dedicado a criticar en los duros momentos vividos. Ya está bien. Puedo estar de acuerdo con algunos de los razonamientos o críticas, pero nunca estaré de acuerdo en airear los trapos fuera de casa para dañar, todavía más, la imagen de una organización de la que se forma parte.

Lo he dicho muchas veces. En este partido nuestro sobran marqueses y capitanes generales,  hacen falta más militantes de esos de Parla o lugares en los que se lleva ganando cada voto en el cuerpo a cuerpo desde hace décadas.

No es fácil gobernar un país como el nuestro. Pero menos fácil es gobernarlo en una situación tan crítica como la que se ha vivido. Con muchos 'peros', seguro. Pero con una eficacia que a la vista está. Y en esos momentos de esfuerzo, en esos momentos críticos, los desleales estaban 'viviendo del cuento'.

Estimada siempre doña Cayetana Álvarez de Toledo, Marquesa de Casa Fuerte. No voy a entrar en sus motivaciones, ni siquiera en sus razonamientos ya que, posiblemente, en alguno coincidamos, sí en las formas y el momento: es usted una desleal y una desagradecida. Si hubiera bajado a Fuenlabrada o Vallecas, por poner ejemplos cercanos, a pegar carteles en las épocas complicadas, valoraría mucho más lo que tiene, lo que le ha dado este partido y, por encima de los personalismos, sus principios e ideales.

Lo tengo claro. En los últimos años he pensado que muchos querían terminar desde fuera con el Partido Popular. Hoy pienso que algunos también lo quieren reventar desde dentro.

Feliz noche...

2 comentarios:

  1. Hermano...no cambies nunca y sigue siendo siempre tú...LEAL y auténtico
    MC

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