lunes, 7 de septiembre de 2015

07.09.2015... Si se quiere, se cambia!

Esta mañana, de camino a la oficina, envuelto nuevamente en vagones repletos de personas y atascos por las céntricas vías de Madrid, pensaba que, como casi todos los años, de un día para otro, volvemos a la misma rutina.

Dejamos el verano, otro verano, en el que hemos intentado desconectar y parar del ajetreo diario en el que otra vez nos encontramos. De seguro hemos tenido tiempo de pensar, de pensarnos, de reflexionar sobre nuestros días, sobre nuestra vida.



Veloces iniciamos el nuevo curso con la voluntad de hacer cambios, con nuevos objetivos y nuevos proyectos que mentalmente hemos ido alimentando en la tranquilidad estival.

Llega la hora de la verdad y toca cambiar, corregir ciertos hábitos. Nos damos cuenta de que un cambio, por pequeño que sea, siempre trae aparejado una sacudida. Nos asusta, por eso nos resistimos.

- ¿Quieres cambiar algo en tu vida?
- Sí.
- ¿Cuántas veces has pensado en cambiar algo?
- Muchas.
- ¿Lo has hecho? ¿Lo has intentado?

Queremos cambiar pero a nadie le gusta cambiar. Y no nos gusta cambiar porque la mayoría de las veces supone salir de una zona de hipotético confort o, simplemente, porque nos da miedo lo desconocido aunque posiblemente nos atraiga.

Pero también solemos resistirnos al cambio porque ello genera que nos sometamos a un profundo análisis crítico de lo que hemos hecho o hacemos mal.

Cuando nos encontramos con esa resistencia, lo que debemos hacer es, en primer lugar, explorar los costes y beneficios que se podrían derivar de un posible 'cambio' en nuestra vida.

A veces da la sensación de que no nos tomamos la vida en serio.

Somos los máximos responsables de nuestras vidas y, por consiguiente, estamos obligados a tomar decisiones responsables. Esas decisiones puede suponer  cambios.

Tal vez sin darnos cuenta, llevados por esa corriente de la vida que creemos correcta pero que termina por envolvernos y arrastrarnos hacia el consumo y el materialismo, nos haya hecho desviarnos de nuestro camino.

La incertidumbre siempre es una amenaza. Lo único cierto es el presente, pensar en el futuro siempre genera preocupación. Por ello cambiar, aunque sepamos y seamos conscientes de lo positivo, siempre es difícil.

Debemos convertir las intenciones en hechos. Nuestros peores enemigos, en lo que al cambio se refiere, somos nosotros mismos. Deseamos cambiar, dar pasos, crecer, pero casi siempre terminamos por quedarnos en el mismo lugar.

El cambio que se desea siempre es alcanzable si queremos. Desear es el primer paso.

Decía Sócrates que "el secreto del cambio es enfocar toda tu energía no en luchar contra lo viejo sino en construir lo nuevo."

Debemos tener muy claros nuestros valores y hacia donde nos gustaría ir. Nuestra misión en la vida ya que todos tenemos una misión.

A partir de aquí debemos establecer unos objetivos, desarrollar una estrategia y planificar las acciones necesarias que nos lleven hasta ello. 

La resistencia a los cambios es algo que sacude a las personas, en cualquier ámbito de sus vidas, pero también a las organizaciones. 

Es positivo analizar y entender el por qué, los motivos, de esta resistencia al cambio. 

¿Estamos demasiado cómodos?
¿Tenemos miedo?
¿No queremos reconocer errores? 
¿Nos falta  información?
¿Los cambios amenazan nuestro estatus?
¿Miedo al fracaso?
¿Resistencia a experimentar?

Es verdad que el grado de resistencia al cambio siempre dependerá del tipo de 'cambio' que deseamos.

No nos resistimos al cambio, nos resistimos siempre a perder algo.

Tal vez sea este un buen momento para la reflexión. No hay que sentirse derrotado, nunca uno está derrotado. La mayoría de las veces los cambios sirven para aprender de errores. Los errores siempre quedan en el pasado.  




Soy el primero que me resisto a 'cambiar'; pero soy el primero que sé que debo cambiar.

Cambiar de hábitos, cambiar de actitud y aptitud, replantear ciertas reflexiones sobre mi vida y buscar aquello que realmente me enriquezca como persona.

He vivido y trabajado con pasión muchos proyectos. En unos he tenido éxito, en otros he fracasado.  En algunos he participado del éxito de todos y en otros he trabajado para que alguno se apoderase del éxito de los demás.

En estos momentos de repaso, me doy cuenta de que tal vez haya dejado en el camino aquellos proyectos que más me llenaban personalmente por falta de tiempo o, simplemente, por no haber priorizado bien las cosas.

Y es que, en estos momentos de cansancio vital, no sé si realmente hago lo que me gusta, lo que me llena y me hace crecer como persona.

No sé el tiempo que me queda, nadie sabe el tiempo que le queda, pero lo que sí sé es que si deseamos un cambio, podemos cambiar.

Todos podemos cambiar. Podemos cambiar de vida, de trabajo, de forma de vestir, de traje, de manera de ser. Todo es querer, querer convertirnos en quien queremos ser y vivir realmente como queremos.

Todos amamos la vida, pero no todos vivimos cómo queremos.

¿Por qué no lo intentamos?

No sabremos si habrá sido demasiado tarde hasta que no lo intentemos. Tal vez merezca vivir, aunque sea un instante, de la manera más feliz posible: haciendo lo que se quiere.  

Feliz tarde amigos

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