miércoles, 2 de septiembre de 2015

02.09.2015... En marcha...

Hemos iniciado el curso profesional y parece que fue ayer cuando lo cerramos. Las tormentas del verano han pasado y pesado como losas en nosotros, de tal manera que tengo la sensación de no haber descansado mucho.

Pero ya estamos otra vez en el punto dónde lo dejamos aquél 31 de julio y comenzamos a ronronear, cautos, pausados, alrededor de todos esos papeles y proyectos que no queda más remedio que afrontar.

Bajando y subiendo a trenes que llevan de un lado a otro.



Me preocupa mucho el camino y el destino. Muchas veces trabajamos en proyectos equivocados. Lo hacemos porque nos cerramos a aquello en lo que creemos sin haber evaluado con tiempo la necesidad o demanda real de lo que hacemos.

Perder tiempo o dinero puede ser una constante si no nos paramos a analizar con detenimiento el por dónde y hacia dónde vamos.

El control de nuestra vida, de  nuestros proyectos, metas y objetivos, depende única y exclusivamente de nosotros. Si tenemos un objetivo y un plan concreto para conseguirlo, lo responsable es cumplirlo. Si no lo cumplimos el problema será nuestro y de nadie más.

Muchas veces buscamos culpables para justificar lo que no hacemos, pero sólo hay un culpable: nosotros.

Debemos centrarnos en las cosas que podemos controlar y apartar las que están fuera de nuestro control. Así la energía la empleamos únicamente en lo que podemos,  no la diversificamos en lo que deseamos y no podemos, con la consiguiente pérdida de tiempo.

Cuando vas llegando a los 50, como es mi caso, repasas con más asiduidad y analizas mucho más tu vida y esos momentos que vives. Valoras más el instante que ganas y eres más crítico con los tiempos que pierdes.

La vida te va llevando por un camino y casi todos nos dejamos llevar. Sin darte cuenta pasan los años,  has ido caminando a trompicones por dónde tal vez no querías ir pero, por no parar, continuabas en una dirección que a lo mejor nada tenía que ver con la tuya.

Nunca es tarde para parar. Nunca es tarde para empezar a caminar en la dirección que crees la correcta.


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