jueves, 4 de junio de 2015

04.06.2015... De libros...

Un día de esos de regalo, como yo digo, de descanso entre semana, de esos festivos que ni esperas ni sabes que existen porque aparecen un año y desaparecen al otro, a conveniencia, parece, de no sé que convenios laborales.

Así que un día que, como anda uno con esas molestias físicas en el tobillo, dedicado a la lectura, envuelto en libros y en olor a tinta.

A los libros uno los ama o no los ama. No valen medias tintas ni medias verdades. 

El silencio de un libro, su olor, el color de sus páginas que van envejeciendo con el tiempo, como cada uno; el tacto al sujetarlo y aquello que nos dice y sorprende cuando lo abrimos para adentrarnos en él, como ese enamorado se adentra por primera vez en el sentido de su amada. Es vivir amando los libros, todos los libros.

Muchas veces me he preguntado, no dejo de hacerlo, para qué compro libros, para qué ir amontonándolos en estanterías y rincones, en esos que habito o deshabito, consiguiendo que formen una parte más de mi vivir. Simplemente los amo, simplemente forman parte de mi vida y me han acompañado siempre.

Hay veces, de verdad, que no sé por qué compro un libro determinado. Simplemente lo veo ahí, huérfano, lo cojo, lo huelo y me dirijo hacia la caja a pagarlo. Me lo llevo.

Creo que es un sentimiento de posesión; quiero poseerlo, que viva conmigo y nada más. Así voy amontonando libros y libros en mi biblioteca que jamás terminaré de leer porque la vida es imposible me de tiempo para tantas páginas.





Mi mayor deseo es transmitir ese amor a mi hijo. Sé que más que un deseo es un objetivo, un reto. Los libros de aman con el paso del tiempo y yo aprendí a amarlos con mi padre. Entonces no había tecnología, había libros.

Y así dejamos terminar el día, este día, otro día.


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