domingo, 1 de marzo de 2015

01.03.2015... Un poco Quijote!

Cerramos el mes de febrero como el que pasa la página de un capitulo de un libro, pesado y como ajeno al resto de la historia, deseando acabe cuanto antes. 
Lo hemos cerrado en negativo. Ha sido uno de esos febreros peleones, duros y realmente carentes de sentido constructivo; de ese sentido que otorgo a la vida, a todo lo que hago,  que es el de caminar hacia delante.

Cuando no avanzas, cuando no te mueves, es como si retrocedieras en el tiempo. El tiempo que no avanza se pierde, no se detiene.




Llegué al viernes con la cabeza metida, de lleno, en mil problemas que solucionar. Llegue al viernes realmente cansado y con más reflexiones negativas que positivas. Llegue al viernes triste por caídos algunos pilotes del edificio, aunque el edificio todavía en pie.

¿De qué sirve todo? ¿Para qué tanto? ¿Pretendemos ser nosotros solos los salvadores del resto?

A uno se le quitan ilusiones cuando ve, por ejemplo,  que los pocos proyectos que lleva entre las manos van lentos porque no existe la suficiente motivación y voluntad en el resto como para tirar de ellos.

A uno se le quitan las ganas de todo cuando ve, por ejemplo,  que las personas con interés y ganas son las más castigadas en un mundo dónde se prima más al pelota y al vago, por el simple hecho de no abrir la boca y claudicar.

Me he encontrado en uno de esos momentos en los que necesito aplicarme a mi mismo mis propias sesiones de #CoachingDVida

Hacía tiempo no sentía ese deseo de cerrar la puerta a muchas cosas. Es como si el invierno, además de toda su dureza climática, de sus constantes resfriados, que han querido acompañarnos durante todo el mes, nos hubiera alejado de ese camino que habíamos emprendido, para lanzarnos sus constantes diablillos y obligarnos a replantearnos ciertas cosas.

Necesitaba un descanso, una desconexión. Necesitaba pasar la página de este capítulo, de este mes. Así cogí el coche, ayer temprano, y marché a Minaya en uno de esos viajes solitarios que sólo sirven para pensar, para ir ordenando ideas.

Creo que es lo mejor que pude hacer. Dar una vuelta por la casa, reordenar la biblioteca, oler el campo y pisotear un poco esos caminos. Olvidar aunque sólo fuera por horas lo que en el día a día nos lleva de cabeza. Compartir unos momentos con mis padres. Sentarme un rato al sol, meditar y leer unas páginas de esa sabiduría que es nuestro Quijote. Dejarme llevar por sus locas aventuras y convertirme, por unos instantes en ese personaje lleno de vida y locuras.

Me he creído siempre un poco Quijote. Don Quijote es uno de mis héroes, pero también uno de mis locos favoritos. Está loco como una cabra, pero a la vez, si le prestamos atención, en cada uno de sus comentarios nos da una lección de sensatez.

Yo no me creo más sensato que otros, pero sí entiendo que lo soy. Posiblemente algo loco, raro o peculiar: diferente diría yo. Uno de esos idealistas que pelean por lo que cree, que se ilusiona y emociona en cada uno de los proyectos que comienza. Un Quijote poético. A veces no sé que busco embarcándome en todos estos proyectos que, al fin y al cabo, terminan por provocarme más dolores de cabeza que alegrías. 


Pero ahí estamos, buscando charcos en los que meternos a chapotear.

"Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro sino hace más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto a de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas, por que no es posible que ni el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que , habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca".




Y con la mente algo más ordenada y en equilibrio, con esas ideas más claras y con la intención de que esta semana que comienza toca reordenar proyectos y priorizar acciones, esta mañana hemos disfrutado de una excelente sesión running por el Cerro de los Ángeles. 

Acompañado de C hemos sacado prácticamente 16 kms de un placentero esfuerzo y, sobre todo, de una magnífica conversación en la que no le ha quedado más remedio que escuchar todas mis idas y venidas. Los desahogos, no sólo físicos sino verbales, producen un efecto liberador importante. Importante siempre contar con alguien que escuche y aconseje.


Y así llego al final del domingo. En positivo, como uno de esos Quijotes míos, volviendo a lanzarme al camino a la búsqueda de esos gigantes que son molinos, dichas y desdichas. 

He aprendido mucho estos días: para Caminar hay que Creer primero, así podremos llegar a Ser. 

El orden debe ser una prioridad. No debemos ir tan lo loco. De cada paso una lección...

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