viernes, 12 de septiembre de 2014

12.09.2014... La casa de 'todos'.


Llega uno al término del viernes algo cansado. Escribo ya bajo los efectos de la música de Katie Melua, el sol que se esconde tras Getafe, allá por Leganés, y la tranquilidad que provoca estar sentado en la terraza.

Han sido días de intensidad, pero días en los que he disfrutado de todo lo que engloba el trabajo interesante tanto en lo profesional como en lo personal. He cumplido con los objetivos planteados desde el lunes: acciones, reuniones, informes, trabajos y citas. Hemos constituido ese Grupo de Expertos que trabajarán sobre las posibilidades de una Reforma Electoral, comparando nuestro modelo con los diferentes sistemas electorales europeos, sobre todo a nivel local; he conocido a personas fantásticas, ajenas o no, al mundo político; he cumplido con mi planificación personal a nivel de esos proyectos míos que, lento, pero van dando los pasos que creo necesarios e importantes; y he disfrutado de buenos momentos running -no los que hubiera querido, pero suficientes- por Madrid y por Getafe. Me doy cuenta, nuevamente, de lo que cuesta 'emprender' lo que sea, 'hacer'.

Y he llegado al viernes, a estas horas, disgustado. Hoy llego a casa, sinceramente, disgustado. El día ha sido realmente excelente de principio a fin. Ha sido excelente en trabajo y, sobre todo, en reuniones y -por ende- en personas que me han rodeado y que me aportan muchísimo. Me doy cuenta que a las personas hay que escucharlas para entenderlas; a las personas hay que darles oportunidades y no utilizarlas a nuestro antojoPero es verdad, no todo puede ser tan romántico y bohemio como queremos o pensamos, no todo es tan idealista como creo. Y es en ese momento en el que me pierdo y disgusto.

Hoy he tenido que escuchar un par de frases de esas que a uno le llegan al alma porque atraviesan el corazón. Es verdad que cada uno tenemos lo que merecemos, faltaría más, es posible que lo que tengo es eso; es verdad que no podemos pretender que todo el mundo profese el mismo idealismo romántico; y es verdad, por otro lado, que eso de que uno acostumbre a jugar con su 'pan' no tiene por qué obligar al resto a que lo hagan. 

"Si me ven hoy contigo puedo perder mi trabajo", "es que tu no sabes qué momento estamos viviendo", "es que cómo tú no estás, no lo vives"
De estas tres frases, dichas por personas a las que aprecio y quiero, que son amigos de esos de años y trincheras, la más dura para mi es la primera. 
Son ejemplos, reales -no mentiría ni inventaría nada así- que se viven en mi partido en la Comunidad de Madrid. Que yo sepa, todavía no doy crédito cuando escucho algo así, lo único que he hecho en mi vida política ha sido trabajar, con más o menos aciertos, pero trabajar; también he mostrado mis opiniones de forma libre en un partido que se autodenomina, entre otras muchas, liberal y una vez, en un comité ejecutivo del que formaba parte, opiné en contra de una decisión que creí fuera de forma, momento e injustificada por las explicaciones dadas. Parece que eso ha debido de marcarme para algunos. Parece eso es motivo para que  otras personas no puedan estar a mi lado, aunque puedan no ser partícipes ni estén de acuerdo con una decisión que fue única y exclusivamente personal. Pero prima el "o estás conmigo o contra mi", o eso de "si eres amigo de los que opinan diferente a mi, también eres mi enemigo". Pero qué triste. ¿Verdad? Qué cantidad de acomplejados andan por ahí.

Cierto es que uno asume, cristianamente, el castigo de  los 'liberales de palabra' que no de hechos,  de forma respetuosa y democrática, faltaría más. Cierto es, también, que uno continúa opinando desde la libertad que genera el no estar. Pero, por favor, dejen en paz al resto; no generen miedo entre los que, en un momento dado, pudieran tener otras opiniones diferentes porque entonces, sinceramente entonces, no estaríamos hablando de ese proyecto democrático, reformista y liberal del que tanto nos gusta hablar. Estaríamos hablando de otro tipo de 'política'. Inculcar el miedo de tal forma que coarte la opinión es peligroso.

A cuento de estas sensaciones, leía estos días en el muro de la presidenta del Partido Popular de Madrid, mi presidenta, Esperanza Aguirre, el siguiente post: "Me gustaría que el PP volviera a ser la casa de todos, esa gran fuerza política del centro derecha donde todo el mundo se sintiera cómodo de nuevo. Me da pena, nostalgia, la época en la que el PP era la casa de todos aquellos que estaban a la derecha de la izquierda. 
Hay que recuperar a esa gente y abrirnos a otras formaciones políticas como las liberales. ¿Por qué no?"

Yo, de primeras, militante del Partido Popular desde Alianza Popular, sin haber pasado por otros partidos -fantástica y bienvenidos al nuestro: liberales, demócrata cristianos, centristas- realmente me siento en mi casa política. Nunca he tenido ningún problema en lo que a ideas se refiere. 

Según interpreto de estas declaraciones, pudiera ser que algunas personas de la casa son las que pudieran sentirse incómodas con otras; o, tal vez, algunas personas las que pueden incomodar al resto por sus formas. Es una reflexión, no lo sé.
También que unos, cuando alguien les incomoda, tratan de echarlos de casa y otros, casi los de siempre, normalmente aguantan por lealtad a las ideas y al proyecto. 

Yo, cuando no me encuentro cómodo en algún sitio, suelo marcharme. En el Partido Popular siempre me he sentido cómodo porque es un proyecto que me gusta, en el que creo y, por ello, defiendo. Podré discutir, criticar o no estar de acuerdo con algunos planteamientos, ocurre en cualquier casa y familia. Doy mi opinión y respeto la del resto aunque no sea la mía. Si una habitación se me cierra, pues me resguardo en otra, nunca he tenido problema.

Parece, hoy he vuelto a sentir eso, unos admiten las críticas mejor que otros.

El problema suele llegar cuando son unos los que se creen los únicos dueños de la casa, cuando comienzan a cerrar puertas para sólo estar ellos y sus planteamientos. No sé si lo hacen por miedo, por complejos, a ser criticados o escuchar opiniones diferentes a la suya. Curiosamente son estos los de siempre, no otros.

El Partido Popular, si por algo se caracteriza, si por algo me siento cómodo en él, es por la apertura que ha tenido siempre. Tal vez haya personas cerradas, no puertas. 
Si no tuviera las puertas abiertas mucha gente no hubiera entrado nunca en esta organización política: esos centristas, esos liberales, esos progresistas o reformistas; esas personas de la izquierda idealista de antes. Muchos. Es un partido plural con unas ideas que, de seguro, muchos podemos discutir en algún caso particular pero que, en lo global, nos representa a todos. Ese es el gran éxito de este Partido Popular.

Es cierto también que, en los últimos tiempos, aquellos que no se han sentido representados, o no se han sentido cómodos, han decidido abandonarlo. Cada uno desde su libertad hace lo que cree oportuno. En algunos casos, incluso, les hemos estado pagando sueldos mientras se dedicaban a montar partidos que luego se han presentado en contra nuestra.

Creo que el Partido Popular siempre tiende la mano, pero tiende la mano para construir, no para recibir intrusos destructores. No estamos para eso.

Una casa es un hogar; un hogar debe acoger. Yo me siento en esta casa de todos. La Presidenta del Partido Popular de Madrid es responsable de la casa, de su casa regional y es parte de la casa nacional. Entiendo se siente cómoda en casa. Es querida por todos.  Y también es su responsabilidad hacer que esa casa, la casa del Partido Popular de Madrid, sea acogedora para todos y, cuando hablo de todos, no hablo de los de fuera, que también, hablo de los de dentro, de los que opinan igual o diferente a ella. No podemos estar siempre exigiendo al resto lo que nosotros no hacemos.

Los adversarios del Partido Popular no están en casa. Vienen desde fuera. Centrémonos en no 'pincharnos' entre nosotros y busquemos lo mejor para España que siempre será lo mejor para el Partido Popular.

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