lunes, 5 de mayo de 2014

05.05.2014... optimismo!

Corrí ayer temprano mis 15 km de rigor y hoy he vuelto a salir, aunque con las piernas pesadas y cansadas, a hacer unos cuantos de esos más solitarios por las calles de Getafe. Necesitaba descargar, necesitaba terminar este lunes dejando en el asfalto todo lo negativo y desahogar en sudor. Siempre dije que la mejor terapia para equilibrar mente, cuerpo y espíritu es el running.

Y es que llegó uno, a este lunes, perezoso. Llegó uno pensando que ha pasado unos días magníficos, entreñables, pero cuando escucha y siente se da cuenta de que el único que ha tenido esa sensación es él mismo. A veces, y sólo a veces, tendemos a echar la culpa a los demás de nuestro malestar y eso provoca que no consigamos salir de ese estado negativo en el que nos encontramos. Siempre diré y digo, siempre reconoceré y reconozco, que el hombre más repleto de defectos que pisa la tierra, ese soy yo; pero también sé, o al menos me lo recuerdo de vez en cuando, que poseo alguna virtud, muy pocas, pero sí alguna.
Y aunque a veces no sea fácil, me levanté en lunes con el pie cambiado, pero con ilusión, con esa ilusión de ver un sol perezoso; con esa ilusión de que las cosas pueden salir bien y, sobre todo, con esa ilusión de que si queremos, si lo proponemos, podemos llegar a disfrutar de esta vida que es maravillosa.
Si pasamos del pesimismo al optimismo, aunque todo siga igual, aunque estemos bajo la tormenta, las cosas se ven de otra manera.


El jueves, cuando marchamos al pueblo, pasado Pinto los coches aumentaron de tal manera que llegamos a pararnos. En un primer momento pensé que lo que provocaba el atasco era algún desgraciado accidente. Nos movíamos muy de vez en cuando y a lo lejos sólo se veían coches y coches completamente parados. Tardamos en llegar a Ocaña una hora y cuarto, lo que normalmente recorremos en no más de media hora. No recuerdo los años que hace que no vivía un atasco como este en la salida de Madrid por la carretera de Andalucía. Un atasco de personas, de familias, que salían a disfrutar de cuatro días festivos. La reflexión es clara: vuelve la alegría contenida. No es que haya cambiado el panorama, no. Ha comenzado a cambiar la percepción de las cosas, se vuelve a confiar y ese es el primer paso para cambiar. 
Y es una realidad que aunque no hayamos salido de esa miseria en la que viven muchas familias en nuestro país (de lo que hablaré en breve), al menos se percibe algo de esperanza y esto es fundamental. Confiar, creer, esperar y ser.
No es lo mismo levantarse alegre que perezoso. No es lo mismo acostarse triste que optimista.

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