jueves, 2 de enero de 2014

21h. Uno está pasando estas tardes navideñas, de inicio de año, en casa, sin moverse más que para cambiar la música que suena en el ipod o para coger otro de los libros que leo. Y uno se da cuenta que no necesita mucho más que escuchar el murmullo y sentir el calor de la familia, dejarse llevar -esta tarde- por Mozart a través de su Le Nozze di Figaro e ir de un texto a otro. No son habituales las tardes así. Es posible que sean muy pocas las que a lo largo del año se dejen contar, por eso crece su valor y es como si no quisieras que terminasen nunca.

He comenzado esta tarde un libro escrito por el que fuera Ministro de Educación, del gobierno del PSOE, Ángel Gabilondo: "El salto del ángel". No sé muy bien cómo he llegado a él, el caso es que lo cogí, lo abrí por las primeras páginas y me interesó. Así me pasa con los libros, en cuanto los cojo, los sobo, ya no puedo deshacerme de ellos, quedan adoptados. Este hombre con pinta de seminarista, antes de ser ministro socialista y después de serlo, es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de la que, en su día, fue Rector. 
Independientemente de la ideología política de cada uno, del proyecto político que defienda, son muchos los pensamientos e ideas que los hombres compartimos. Por eso es esencial, muchas veces, leer a aquellos que creemos no piensan como nosotros para así darnos cuenta que la inmensa mayoría de las veces estamos más cerca que lejos. Nos separa lo mínimo;  el ser humano es capaz de convertir lo mínimo en una verdadera guerra mundial.
Comienza Ángel Gabilondo su libro con un primer texto que titula "El desafío de pensar" y lo hace hablando de una imagen que a mi me encanta y, parece, a él también: Il Tuffatore.


La Tumba del nadador es un importante monumento arqueológico hallado por el arqueólogo italiano Mario Napoli el 3 de junio de 1968, cuando excavaba una pequeña necrópolis a unos 1,5 km al sur de la ciudad griega de Paestum en Magna Grecia, en el sur de Italia. En la actualidad, la tumba se exhibe en el museo de Paestum.
En este texto, cuyas palabras comparto plenamente, nos viene a decir que debemos vivir y pensar, debemos arriesgar y experimentar. No debemos estar paralizados, quietos y mucho menos por ese miedo que es el que te inmoviliza.
Para actuar en libertad, para arriesgar, hay que saber y hay que pensar. Sólo se puede opinar desde el conocimiento y la sabiduría. Una opinión ignorante o una acción llevada a cabo por ignorancia nos puede llevar a errar sin necesidad. 
No es lo mismo cometer errores sin haber evaluado los riesgos que teniendo claro lo que puede suponer.
El tiempo, la edad, las heridas, los errores, la vida, me han hecho más prudente. Las lecturas, también. Por eso ahora soy capaz, en una tarde como esta, feliz, de pasar de un texto del señor Gabilondo, filósofo no el locutor (hermano suyo, por cierto) a don Antonio Fuentes, teólogo y sacerdote. Filosofía y Religión. Algunos la separan otros, creemos deben unirse para poder saber y reflexionar sobre la esencia de la vida desde cualquier punto de vista, creencia o idea.

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